Un cuento que le quite el miedo a papa

Desde siempre mis padres me cuentan cuentos, me cuentan cuentos para dormir, para enseñarme valores, para superar obstáculos, incluso me cuentan cuentos para quitarme el miedo.

Es curioso pero he llegado a pensar que los cuentos son como tiritas mágicas, que te los leen o los lees y se te pasa todo. Sobre todo si quien te lo lee gesticula y haces voces intentando imitar a los personajes. Si te los cuentan de esa forma son infalibles, porque te hacen reír, y la risa según mi madre lo cura todo, hasta la nostalgia.

Eso de la nostalgia no sé muy bien que es, ella dice que es algo que tiene por estar tan lejos de su casa. Aunque no lo entiendo, porque siempre que lo dice esta en ella, junto a mí.

El caso es que el otro día escuche a mi padre hablar con mama, sé que no está bien eso de escuchar las conversaciones de los mayores, y no lo hice a propósito, ni por cotilleo, ni por nada del mundo en especial.

Es que iba a la cocina a beber agua y como soy pequeña, no me vieron, y como no hice ruido no me oyeron, y una cosa llevo a la otra y por eso lo escuche.

Mi padre le dijo a mi madre “tengo miedo” – ¡qué horror! – pensé, porque papá es un hombre valiente y grandote, que no le teme a nada, por no temer no le teme ni a las arañas, ni a cruzar la calle, ni a nada que yo supiese.

Tanto me horrorice que se me cayó el vaso de agua al suelo, haciendo un estropicio que tuvo mi madre que arreglar.

Yo no lloré por el susto, eso a veces me pasa, pero si me preocupé muchísimo, miré y miré a papá casi mil veces, más o menos imagino, porque solo se contar hasta cien, de momento porque estoy aprendiendo para llegar a más.

cuento

No pude remediarlo y después de mirarle le dije…

-Ven papá te voy a contar un cuento para quitarte el miedo

Tras lo cual mis padres se miraron y se rieron, pero papá no se movió del sitio, y tuve que agarrarle de la mano y tirar de él para llevarle a la cama.

Me seguía despacio, porque su pasos son más grandes, bueno en papá todo es más grande, así que supuse que su miedo también sería más grande que cualquiera de mis miedos.

Le hice que se tumbase en la cama, le puse mi mantita quita fríos por encima, le acaricie la cara y le bese en la frente, mi padre tenía una expresión rara, era como si se aguantarareír y llorar al mismo tiempo, eso debe ser lo que produce tener un miedo espantosísimo por lo menos.

Así que le cogí la mano y le dije…

-Tú no tengas miedo que yo te cuento un cuento especial y ya veráscómo se te pasa

-¿Qué cuento me vas a contar Maria?

-¡Uno…! Pero tienes que decirme a que tienes miedo

Papá se quedó callado y no soltaba prenda, como cuando yo lo hacía así que tuve que utilizar su técnica infalible para sacar las palabras, y me puse a hacerle cosquillas hasta que me lo dijera.

La risa es importantísima, ya os lo he dicho, tras un montonazo de cosquillas por aquí y cosquillas por allá me pidió que parase.

-¡Para… para…! Que ya no puedo más

-Entonces me dirás… ¿A que tienes miedo?

-La verdad Maria es que tengo un poquito de miedo a lo que pueda suceder mañana en el trabajo

-¿Por qué?

-Porque me han ascendido, y tengo que hacer mi primera presentación yo solo, y eso me da un pelín de miedo

Entonces lo supe, supe perfectamente cuál era el cuento que tenía que contarle a mi padre. Tenía que contarle el cuento de Juan Sin Miedo, pero a mi manera porque no me lo sabía de memoria, y tenía que improvisar.

-¡Bien! Ya sé que cuento te voy a contar

-¿Cuál?

-El de Pedro con algún Miedo

-Sera… ¡Juan Sin Miedo!

-¡No! este es el de Pedro con algún Miedo, así que no lo conoces y escucha… Pedro con  algún Miedo no tenía miedo a casi nada, no tenía miedo a los monstruos, que ya es raro, ni a las brujas, que dan uno de los miedos más horrorosos, ni tan siquiera tenía miedo a los gigantes por ser más grandes que él

-¿A que tenía miedo entonces?

-A los guisantes

-¡A los guisantes!

-¡Como lo escuchas! Tenía un miedo horroroso a los guisantes, y no te creas que era porque si

-¡Ah no!

-¡Desde luego que no!

-¡Cuenta… cuenta!

-Lo de su miedo a los guisantes era por lo de la princesa

-¿Qué princesa?

-Aquella que para demostrar que era princesa tuvo que dormir sobre mil colchones debajo de un guisante

-¡Oh…!

-Porque si tú te acuestas sobre un guisante ni te das cuenta, pero si la princesa se acuesta sobre uno sí, porque es princesa, y eso mismo le pasaba a Pedro.

-Pero Pedro no era una princesa

-¡Claro que no! era un papá como tú

-¡Caray!

-Y el guisante era de su hija que si era princesa,  y lo que no quería el papa de la princesa era que ella se diese cuenta a que tenía miedo a los guisantes

-Y… ¿cómo se quitó el miedo?

-Con el spray anti monstruos

-¡Con el spray!

-¡Claro! Es que tú no sabes nada de nada, primero se roció con el spray anti monstruos, y luego se fue a dormir poniendo debajo de su cama un guisante, y… ¿sabes qué?

-¡No!

-¡Que no tuvo miedo!

-¡Que valiente!

-Valiente era un poco, pero solo un poco porque tenía miedo a los guisantes, pero con el spray se le pasó.

-¡Que suerte!

-¡Sabes que… papá!

-¿Qué?

-Que yo te voy a rociar con mi spray anti monstruos, y mañana cuando vayas al trabajo veras como se te pasa ese miedo

Entonces mi padre me dio un achuchón enorme, se dejó rociar pero bien… bien con mi spray antimonstruos, luego me cogió en brazos me llevo a la cocina junto a mama, y se lo contó todo.

A papá le salió todo fenomenal, y es que los padres también tienen algunos miedillos simples, que los hijos por pequeños que parezcamos se los tenemos que quitar con un bonito cuento.

Cuento escrito por Estrella Montenegro

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