Cuentos infantiles: Cuestión de esfuerzo

Cuentos infantiles: Cuestión de esfuerzo

cuestion de esfuerzoHabía una vez un hombre que trabajaba muy duro, para que no les faltase de nada a ninguno de sus cinco hijos. Trabajaba de Sol a sol, y apenas tenía tiempo para verlos y disfrutar de la vida junto a ellos.

Pero a pesar del enorme esfuerzo y el gran sacrificio que realizaba todos los días, se sentía muy feliz porque pensaba que sus hijos eran felices puesto que no les faltaba de nada.

Día si y día también atendía a cada una de sus peticiones, incluso les apoyaba incondicionalmente para que realizasen sus sueños…

-¡Papá necesito cien euros!

-¿Para qué necesitas tanto dinero?

– Quiero ir de excursión con la asociación de delfines en libertad, porque nos han mandado que hagamos una redacción, y quiero que sea la mejor redacción que se presente

-¡Esta bien hijo… está bien! Si es para que te sirva de provecho, toma el dinero que me pides

No quería desilusionarlos, y tampoco quería que unos tuvieran menos oportunidades que otros…

-¡Papá necesito ropa nueva!

-Pero si te compró tu madre ropa a principio de temporada ¿ya te esta pequeña?

-¡No papá! Aun me está bien, pero quiero ser el más popular del colegio, porque me presento a delegado de cursos, y he leído que la imagen es algo que se debe cuidar mucho, esta tiene que estar muy cuidada si es cuestión de política, y yo necesito muchos votos, es una meta que me he propuesto… ¡ser delegado!, cuando sea delegado tendré la capacidad de representar a mis compañeros, y de decir por ellos cuestiones importantes

-¡Esta bien… hijo… está bien! Si es lo que deseas

A todos sus caprichos atendía, todas y cada una de sus exigencias eran resueltas, pero no por esto sacaban mejores notas, ni eran alumnos brillantes, ni le tenían más consideración.

-¿Por qué has suspendido cuatro asignaturas?

-¡Yo me esforcé papá… deberás que me esforcé! Pero la campaña para que me escogieran como delegado me quitó mucho tiempo

-¿Pero conseguiste al menos ser delegado?

-¡No…! escogieron a otro, la gente es así…¡papá! se mueve por interés, pero si he conseguido ser popular, ahora no existe alumno que no me conozca en el colegio, y que admiré mi estilo y forma de vestir

-Y… tú ¿Por qué has sacado una nota tan baja en ciencias? Si te fuiste de excursión para realizar aquel trabajo sobre delfines

-Ese trabajo… fue para lengua

-¡Pues esa asignatura esta… suspensa! No lo entiendo… ¿acaso no fue el mejor trabajo de clase?

-¡No…! porque la profesora me tiene manía, me suspendió por culpa de las incorrecciones que tuve al redactarlo, no tuvo en consideración mi creatividad, además falte al examen de la materia porque coincidía con el día de la excursión. ¡Ya ves… me tiene manía!

La verdad es que por más que él se sacrificaba y se mostraba como ejemplo, no obtenía nada más que disgustos con cada uno de sus cinco hijos.

Una tarde después del trabajo se acercó a la librería, para comprar algunos mandados que sus hijos le habían hecho, cuando entró un gran revuelo estaba organizado en su interior. La librera regañaba acalorada a un muchacho, este leía los libros sin comprarlos, y esto le parecía un acto tan desconsiderado como vandálico….

-¡No leas los libros sin comprarlos! Porque no te he visto ni una… ni dos veces, te he llamado la atención casi todos los días ¡sal de mi librería y no vuelvas!

Dijo la librera alzando la voz tanto, que no hubo nadie que no la escuchase como lo sacaba a la calle.

Aquel hombre al salir de la tienda, vio como ese mismo muchacho estaba sentado en la acera, y se dedicaba a escribir en un cuaderno mal trecho, mientras le rodaban por la cara unos enormes lagrimones.

-¿Por qué lloras y escribes con tanta prisa muchacho?

-Escribo deprisa para que no se me olvide lo que acabo de leer, no tengo libros y mañana iré al colegio otra vez sin los deberes hechos

-¿Por qué no te haces socio de la biblioteca? Allí puedes leer los libros sin que te regañen, y puedes hacer los deberes sentado y apoyado en una silla

-Porque te piden una foto para hacer el carnet, y una dirección para rellenar la ficha

-¿Y eso es problema?

-¡Lo es señor… lo es! Con lo que cuesta una foto mi madre nos compra pan, y vivimos en una caravana que esta aparcada a las afueras de la ciudad, no tengo una dirección

Le dio tanta pena escuchar a aquel muchacho, que decidió interesarse un poquito más por él

-¿Y qué tal vas en el cole?

-Apruebo todas las asignaturas, pero no saco las notas que desearía sacar, porque la mayoría de las veces me falta material

Aquel hombre pensó que aquel muchacho necesita ayuda, así que le pagó unas fotos para el carnet, y le apuntó en la biblioteca dando su dirección personal.

Cuando acabaron las clases, el muchacho fue personalmente a darle las gracias a su casa, puesto que con su ayuda había sacado las mejores notas de su promoción. Pero una vez allí sus hijos le dijeron que estaba ingresado en el hospital por agotamiento. Sin pensárselo dos veces atravesó la ciudad y fue a verle.

Estaba solo, ninguno de sus hijos le hacía compañía, tampoco estaba su mujer, que se acababa de marchar para atender a sus malcriados hijos.

El hombre se puso muy contento, no solo por la visita si no por los resultados que había obtenido aquel muchacho, con apenas unas monedas y un poco de apoyo.

Todos y cada uno de los días que aquel hombre permaneció ingresado recibió la visita de aquel muchacho. Y aprendió una gran lección de todo aquello, nunca más dio a sus hijos algo que realmente no necesitasen. No penséis que les dejo de querer, porque no fue así, simplemente quiso enseñarles que todo requiere un esfuerzo, y que hace más el que quiere que el que puede.

Estrella Montenegro

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