Cuento infantil: Un regalo especial para el abuelo

Cuento infantil: Un regalo especial para el abuelo

cuento infantilAquella tarde de junio Carlos se fue a ver a su abuelo al pueblo porque estaba malo en cama, no es que estuviera malo de malo de estar muy malo, más bien era que era un mal enfermo.
Tadeo que así se llama el abuelo de Carlos, se había subido casi a lo más alto de un árbol, para devolver a un nido la cría de un pájaro, que se había caído por culpa de un mal viento. Y cuando ya estaba bajando tras haberlo dejado, resbalo y cayó, por culpa de eso se rompió las dos piernas, se llenó de moratones y se dislocó el hombro.
Y aunque ya hacía casi un mes de aquella hazaña, Tadeo estaba triste y deprimido, y no quería moverse de la cama, a la abuela Maria le estaba volviendo loca de tanto pedirle cosas, y como Carlos ya estaba de vacaciones y no tenía que volver al colegio, su madre decidió que irían a pasar allí unos días, para que la abuela descansase, y el abuelo no fuese tan quisquillas como era con ella.
Cuando llegaron se podía escuchar al abuelo desde la calle…
-¡Maria… Maria….! ¡Tengo sed… tráeme agua!¡María… Maria….!
Pero la abuela Maria estaba recibiéndoles y aunque le escuchó, se encogió de hombros, abrazo a la madre de Carlos, achucho a su nieto varias veces, y les ayudó a entrar en casa.
Sin embargo Tadeo seguía llamando a la abuela a gritos…
-¡Maria… Maria… Maria…! ¡Es que quieres que me muera de sed!
Decida sin parar, como si fuera un disco rayado, sin embargo no fue la abuela quien le llevo agua, fue la madre de Carlos quien lo hizo, no sin antes regañarle un poco
-¡Padre…! Se escuchan sus gritos desde la plaza de la iglesia, madre no ha podido venir porque estaba recibiéndonos ¡tenga el agua! porque se la beba cinco minutos más tarde no le pasará nada
-¡Como se nota que tu no estas como yo!
-¡Claro que se nota! Porque si yo estuviese de esa guisa, no sería tan quisquilloso como me han dicho que es
Dijo dándole un abrazo y un beso, Carlos miraba todo aquello sin entrar desde el quicio de la puerta, pero el abuelo Tadeo le vio, y cambiando su tez agria por una más relajada le dijo…
-¡Carlos! ¿No vienes a darle al abuelo un beso?
Pero Carlos tenía miedo de que le chillase, y se quedó quieto como si aquello no fuera con él, hasta que su madre le invitó a entrar
-¡Ven a darle un beso a tu abuelo! No ves que esta malito, no está enfadado contigo, ni con la abuela, ni tan siquiera con migo, es que no está acostumbrado a estar tanto tiempo sin moverse, y eso es lo que le pone de mal humor, pero si tu vienes a darle un beso, seguro que se le pasa el enfado y hasta te cuenta un cuento ¿no es verdad padre?- Le dijo sirviéndole otro vaso de agua fresca
-¡Es cierto! Un beso de mi nieto me curara todo lo que me sucede, pero si él no quiere dármelo, entonces tardaré más en ponerme bueno, y no podré ir a enseñarle donde están las madrigueras de los conejos, ni los nidos de los pájaros, y mucho menos podremos ir a ver las ranas de la charca
Eso sí que no… él había ido al pueblo a ver a su abuelo, y quedarse sin ver todas esas cosas por un simple beso sería muy injusto. Así que entro y le dio no uno si no varios besos a su abuelo
-¿Ya estas mejor abuelo? Le dijo subido en la cama
-¡Mucho mejor donde va a parar!
-Y… es verdad abuelo que te has hecho todo esto ayudando a un pájaro que no sabía volar
-¡Así es!
-¿Te duele?
-¡Un poco! Pero más que doler me pican las escayolas, tu abuela me ha dejado una aguja de tejer para arrascarme ¿Quieres ver como lo hago?
-¡Sí!
El abuelo cogió la aguja que estaba en el lado izquierdo sobre la cama, la introdujo por la escayola de la pierna y se rasco con ella…
-¡Ay qué alivio!
Dijo mientras los dos se reían de aquel invento tan portentoso que le aliviaba el picor.
-¿Sabes para que están hechas las escayolas?
-¡No!
-Pues las escayolas están hechas para ser pintarrajeadas, garabateadas, en definitiva las escayolas están hechas para decorarlas
-¡No lo sabía!
-Y… ¿no ves algo raro en estas que yo tengo?
-¡No!
-¿De verdad?
-¡Sí!
-Pues yo si lo veo, y lo que veo que están más simples que una hoja en blanco ¿te has traído los colores para dibujar?
-¡Sí!
-Y porque no vas a por ellos, y las llenamos de dibujos para que no se vean tan tristes
Carlos no lo dudo, y de un brinco se bajó de la cama, corrió por el pasillo, busco su mochila, la abrió saco el estuche que contenía todos sus lapiceros y rotuladores y corrió de nuevo al cuarto para que su abuelo no se aburriera.
Mientras las pintaban hablaron de muchas cosas, pero sobre todo su abuelo le dijo que estaba algo enfadado porque hacía muchos días que no veía el campo, que por la ventana desde la cama, se veía muy lejos y muy poco, y que si el pudiera ver algo mejor que aquellas cuatro paredes de la habitación estaría más feliz.
Y eso precisamente eso no se le olvidó a Carlos, tanto es así que cuando estaba acompañando a su abuela en el trastero para buscar no sé qué cosa, vio unos botes de pintura, y se le ocurrió la mejor de las ideas, pero solo la llevaría a cabo cuando su abuelo estuviese dormido.
Así que lo que primero hizo fue llevarse poco a poco aquellos botes de pintura y esconderlos en la habitación del abuelo, también escondió unas brochas, y mientras todos dormían la siesta, Carlos se puso a pintar un dibujo en la pared del cuarto del abuelo, aquella tan grande y tan blanca, que era más simple que una hoja en blanco.
Cuando terminó se quedó esperando a que su abuelo despertase, cuando lo hizo, abrió los ojos como platos viendo aquello que había dibujado Carlos en la pared y le dijo…
-¿Qué has hecho Carlos?
-Te he hecho un regalo, he decorado esta pared con un dibujo del campo, para que puedas verlo mejor, porque estaba más simple que una hoja en blanco.
Tras aquellas palabras el abuelo Tadeo se puso a reír tan fuerte, que despertó a su hija y a su mujer, que corrieron a ver qué le sucedía, cuando vieron la proeza de Carlitos y lo mucho que se reía el abuelo por aquello, se dieron cuenta del regalo tan especial que le había hecho.
Desde su llegada Tadeo se aburría menos, chillaba menos, fue menos quisquilla y se recuperó mejor, pero sobre todo estaba más alegre.

Cuento infantil por Estrella Montenegro

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