Cuento infantil: Thara quiere ser espanta-bruja.

Cuento infantil: Thara quiere ser espanta-bruja.

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El reino de los sueños tiene una característica que le diferencia de todos los reinos y lugares del universo, y no es otra que la desorientación que se produce cuando nos aproximamos a él, pues nos parecerá muy pero que muy pequeño en un principio, pero una vez estemos dentro observaremos que es enorme, casi infinito. Así que podría relataros cientos o puede que miles de cuentos apasionantes, pero este en particular es uno de mis preferidos.

Acompañarme en este viaje, iremos al final del camino sur del reino, donde existe un  precioso país llamado Iceberg, su nombre se debe a que en el centro del mismo se levanta una majestuosa montaña, es completamente redondo, como una pelota o una luna llena.  Si escalamos la montaña y llegamos  a su cumbre, nos toparemos con una casita de piedra donde habita la bruja Hechinda y su hijo Augus, ambos son muy afortunados pues poseen las mejores vistas de los alrededores, además su casa está justo donde nace el único rio , que todos conocen como el rio Azul. Si seguimos el rio hasta el primer puente  también de piedra, justo en la ladera de la montaña, veremos una casita de madera donde reside una familia de espantapájaros, allí es donde vive Thara junto a sus hermanos Pedro y Camilo, y sus padres Mila y Cabo.

Thara también tiene un mejor amigo, como todos lo tenemos, este se llama Augus ya os habréis dado cuentan que es el hijo de la bruja Hechinda.

Augus podría ir todos los días en escoba con su madre al colegio, pero si lo hacía dejaba sola a su amiga, pues era evidente la incapacidad que tenía Thara para volar; por tanto cada mañana Hechinda bajaba desde la montaña a la ladera para dejar a su hijo en casa de su amiga, y luego los dos caminaban juntos hasta el colegio.

Les gustaba pasear, por el camino se divertían trasteando con las ranas de los charcos y hablando de sus problemas, no penséis que esto era un sacrificio para Augus; acompañar a Thara diariamente le encantaba, aunque tuviera que atravesar dos puentes andando.

Era mayo y todos los alumnos de cuarto curso preparaban su graduación, como lo hacia el hermano mayor de Thara, Pedro.

Estaban llegando a las charcas que estaban cerca del segundo puente, aquel que se cruzaba para entrar en al pueblo, cuando Augus le comentó a su amiga lo mucho que aún tenían que estudiar para graduarse.

–   Tres años más y seré aprendiz de mago

Le dijo mientras tiraba una piedra con ese efecto de saltos salpicados que solo sabía hacer él. Thara le sonrió, nuevamente había conseguido superar el último tiro de piedra en agua.

–   Cada día lo haces mejor Augus, este año seguro que ganas el concurso de saltos

–    Ya sabes que llevo tiempo intentándolo, pero parece que no les gusta mucho mi estilo

–    Tu sigue perfeccionándolo hasta que puedas asombrarlos, no te desanimes

–    ¿Tú crees?

–     ¡Claro que sí!

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Al decirle estas palabras se dio cuenta que ¡ya! tenía la solución perfecta a su problema, ella también podría lograr su sueño, era cuestión de proponérselo como meta.

La campana que avisaba para entrar a clase sonaba, comenzaron a correr a toda prisa, si no lo hacían llegarían tarde, sin embargo el entusiasmo que la había nacido era tal, que aún sin aliento matizó su respuesta.

–    ¡Es más te lo voy a demostrar!

La mañana trascurrió de charla en charla, era costumbre que los profesores de diversas materias animaran a sus alumnos más pequeños, con el ejemplo de aquellos que se iban a graduar.

No pudieron hablar tranquilamente del tema hasta que finalizaron las clases. Todos incluidos ellos regresaban a sus hogares charlando sobre el evento en cuestión.

 

 Su hermano Pedro por fin se graduaba, pronto estaría ayudando a su madre y su padre como espantapájaros en los campos. Por eso aquella tarde Thara iría de compras con sus padres, deseaban que estrenase un vestido para la ocasión. Querían que luciera hermosa, era la única chica de la familia y la mimaban un poquito más por culpa de eso.

Augus sacó un par de manzanas rojas, su madre las preparaba riquísimas, y siempre que podía le traía una para merendar.

–          ¡Toma Thara! Son de ayer tarde

Cogió la manzana a la velocidad de un tris tras. Una de las muchas cosas que admiraba de Hechinda eran precisamente su deliciosas manzanas, cuando las hacia las cubría con una sutil capa de caramelo que las volvían irresistibles, Thara quería ser bruja, ese era su sueño, a su amigo le permitían estudiar para mago, tan solo por el hecho de ser el hijo de una bruja, cada uno nace con unas cualidades y capacidades, eso era lo que le decía su padre cada vez que ella sacaba la conversación, esto la desanimó un poco.

–    ¡Ni te imaginas la suerte que tienes!, cuando te gradúes serás Mago, y yo solo seré un espantapájaros más

Le dijo Thara a Augus mientras mordía aquella sabrosa manzana.

–    ¿Qué tiene de malo ser espantapájaros?

–     Todo y Nada

–      Bueno aun somos pequeños para pensar en eso

–     ¡Ya! Pues…  yo lo pienso, es más yo quiero graduarme de bruja como lo es tu madre

–     ¡Imposible!, si al menos tuvieras un antepasado que lo hubiera sido, por estirpe podrías haber salido bruja, pero mírate, eres todo un espantapájaros, de pies a cabeza, no puedes negar lo evidente.

–     Y… ¿Por qué un espantapájaros no puede ser bruja?

–     Mi madre es bruja y todos lo saben, porque lleva un vestido negro, un sombrero de pico, vuela en escoba, y tiene nariz de bruja, ¿cómo vas a ser bruja si no tienes nariz de bruja?, por más que te mire no te la veo, ¡no tienes nariz!

–     ¡ja…! Y ¿qué?…, ese es el problema, pues tiene una solución bien sencilla, me la pongo, me puedo poner la nariz que me dé la gana, ¡ayúdame a buscar una nariz de bruja!

–     ¿Qué tal si te pones un pimiento?

–      ¡oh no! No he dicho porrona, he dicho de bruja

–      Una nariz de bruja tiene que ser vistosa, mi madre lo dice siempre que ve su sombra a la luz de la luna, dice… ¡que nariz más visible, me hace una bruja preciosa!

Thara escuchó muy atenta a su amigo mientras caminaban degustando aquella fruta azucarada, estaban a punto  de llegar a  la leñera del pastor, quedaba a mitad de camino y aquel montón de ramas la dio una idea perfecta para resolver ese asunto.

–   ¡Qué tal si me pongo una ramita que se le parezca!

–   ¡Es una idea genial!

A Augus le pareció una idea estupenda, estaba muy claro, ni una minúscula duda tenía en aquel asunto, era su mejor amiga, la ayudaría y encontrarían esa nariz, esa que a Thara le diera ese contraluz de bruja, el podría reconocer la perfecta nariz casi a ciegas.

Tomó de la leñera tres ramas que se aproximaban mucho a lo que buscaban, las recortó chascándolas con las manos, y del dijo que se las probará.

–   Veamos … como te sientan estas

 Se puso la primera y Augus la estudió usando todas las comprobaciones necesarias, de frente, de perfil, desde arriba, desde abajo, de cerca de lejos, luego la animó a que se pusiera otra, esa no le convencía del todo.

–    Quizás esta me convenza más, pruébatela

De nuevo la observó desde todos los puntos, pero esta vez no la pidió que se pusiera ninguna otra, esa según su parecer era una perfecta nariz de bruja, estaba completamente seguro, era improbable que se confundiera, ser hijo de una bruja le otorgaba una pequeña ventaja sobre esto.

–   ¡Perfecta! Sin lugar a dudas, ahora solo te queda la ropa

–   ¿Me sienta bien?

–   ¡Vaya que sí!, ahora tienes un perfil diferente, y para qué hablar de tu nueva perspectiva

–   ¡Que bien! Muchas gracias Augus

 1465069_10200759594503950_345179210_nLe dijo mientras le besaba en la mejilla para agradecérselo con todo el cariño, estaba tan contenta de ser amiga de Augus, siempre que necesitaba su apoyo lo encontraba, sabía que es importante tener buenos amigos, y sin lugar a dudas ella tenía el mejor de los amigos.

Aun les quedaba la otra mitad del camino para llegar a casa, se pusieron en marcha pero la nariz nueva la picaba un poco.

–    Parece que me pica un poco

Le decía mientras caminaba a su lado rascándose muy despacio la cara.

–    Date tiempo, te acabas de poner nariz, tendrás que acostumbrarte a tu nuevo miembro

Thara sonrió alegrándose precisamente por ello, no se rendiría por unos simples picorcillos de nada.

Llegaron a su casa al mismo tiempo que lo hacia la madre de Augus, que descendía en su escoba voladora sin apenas hacer ruido. Esto se debía a que estrenaba escoba, aprovechando que su hijo estaba en clases viajó hasta el mismo país de las brujas, tenía que hacerlo si quería retirar de los almacenes una versión mejorada de la anterior, esta carburaba afinadamente, gracias a un sistema de equilibrio en la madera con la que se construían, y viajar en ella era mucho más fácil, eso no pasaba desapercibido para Thara, Hechinda les saludo muy contenta cuando tomó tierra.

–          ¡Hola chicos!

–          ¡Buenas tardes Hechinda!

–          ¡Hola mama! ¡tienes una escoba nueva! Que pasada…

Hablaba Augus admirando la nuevísima y adelantada adquisición que su madre traía de aquel reino.

–          Me encanta esta escoba nuev

Dijo Thara mientras observaba como su amigo daba vueltas alrededor de ella en plan reconocimiento militar.

–          La verdad es que estas últimas que nos ha proporcionado el reino son maravillosas, son ecológicas, ultra silenciosas, ultra deslizantes, lo que más me gusta de ella es que por fin han salido anti perturbaciones, y ya no brincan con las ráfagas de viento, tienen una estabilidad a prueba de huracanes.

–          ¡Que chulí!

Comentaba mientras la admiraba fascinada. Todas las cosas de Echinda a Thara la atraían sin más. Mientras se deleitaba con aquella escoba para volar modelo super-ecco, sus padres salieron de casa, tenían planes para esa tarde. La madre de Thara había visto un vestido estampado que la encantaba, solo quedaba probárselo, así que irían de compras de nuevo al pueblo.

Las calles sostenían un ambiente bullicioso a causa del evento que se aproximaba. La tienda esta estaba llena de clientes, unos probándose zapatos, otros gorros.

Todos buscaban la indumentaria apropiada para el gran día.  Thara ignoraba que su madre ya había elegido por ella, por eso nada más entrar se dirigió a la sección de ropas, útiles y accesorios laborales, ella quería que su vestido nuevo fuera de bruja.

No existía vuelta de hoja seria una espanta-bruja, costase lo que costase, y para ello necesita una estupenda nariz, cosa que ya había conseguido, así pues el siguiente paso era encontrar la indumentaria necesaria para una trasformación completa. Buscó con muchísima atención por toda la sección.

Cuando lo vió en aquel expositor, ni lo dudo, era el perfecto vestido para un aprendiz de bruja, tenía un sombrero puntiagudo con correa y hebilla, botines con cordones, y era tan grande y negro. Era simplemente perfecto

Mientras tanto su madre se estaba volviendo loca buscándola por toda la tienda, con aquel otro vestido blanco estampando con girasoles y zanahorias. Para cuando la encontró Thara ya se había colocado aquella indumentaria que tanto deseaba tener.

Así se la encontró su madre, vestida de bruja y con nariz, mirándose en el espejo y sonriendo, porque la ilusión y la felicidad no la dejaban espacio para otra cosa.

–          ¡ay! ¡Ay! y ¡ay!, hija de mi vida, quítate esas ropas, no te das cuenta que palidecen el tono heno de tus mejillas, mira este vestido blanco a girasoles y zanahorias te ira muchísimo mejor.

–          ¡No creo mama!, es muy bonito la verdad, pero yo quiero este otro que llevo puesto, ¡ningún otro más que este!.

–          Pero hija ese vestido es para una niña bruja, y tú no eres bruja

–          ¡Bueno eso está por ver aún!

–          ¿Cómo que está por ver?, ninguna mujer de nuestra familia ha sido bruja nunca, no está por ver, y no se verá. Así que quítate ese vestido ahora mismo, y pruébate este otro.

–          ¡No!

–          ¡Como que no!, ahora mismo voy en busca de tu padre, y se lo dices a él.

 Mila se apresuró en encontrar y contar a su marido la travesura que su hija estaba cometiendo, le contó la intransigencia de Thara, el padre se rió y fue a poner paz.

Thara se miraba de puntillas en el espejo, se miraba y se miraba y mientras más lo hacía, más le gustaba como le quedaba aquella indumentaria de brujilla.

Cuando llego su padre para hacerla entrar en razón, ella ya tenía una de las mejores sonrisas dibujadas de mejilla a mejilla.

Cabo se sentó en un butacón y la observó unos instantes antes de desilusionarla.

–          Te hace un poco más bajita ese vestido, y… ¡que ven mis ojos! eso que tiene tu cara es… ¿una nariz?

–          ¡Si papa! Una estupenda nariz de bruja

–          Hija no estamos buscando ningún disfraz, tampoco preparamos el próximo carnaval, ni el día conmemorativo de las ciencias mágicas.

–          Lo sé

–          Entonces… ¿Qué haces vestida así?

–          Es que… ¡papa!  quiero vestir como una bruja, porque quiero ser una de ellas

–          Pero no ves que te afea

–          ¡Pues papa! yo me veo más que guapa

–          Bueno eso es porque te miras con los ojos de la ilusión,  te tengo dicho que si miras con esos ojos puedes confundirte

–          ¡lo sé papa!, pero es que a mí me gusta tanto el negro, que no me importaría vestirme de bruja toda la vida

–          ¡Ya!… Qué me dices de ese otro vestidito que escogió tu madre para ti,¿ porqué no te lo pruebas?, seguro que una vez lo hagas, te veras mejor y cambiaras de idea

Pero a Thara ya era difícil cambiarla de idea, tenía clarísimo lo que quería ser, ella quería ser bruja.

–          ¡Papa!

–          ¡Que!

–          ¿Nosotros no vivimos en el reino de los sueños?

–          ¡Claro!

–          Pues yo quiero ser bruja

Le contestó sumamente tranquila mientras se reía y se miraba en el espejo

–          Pero tú no puedes ser bruja

–          ¿Por qué no?

–          Muy sencillo, ¿cómo te acercaras a un caldero?, ¡quieres salir ardiendo! Cualquier chispa hará que te prendas fuego, y cuando tengas que volar, ¿qué sucederá? quieres esparramarte por el camino, no ves hija que no naciste preparada para ser bruja

Entonces Thara dejo automáticamente de reír mientras se miraba en el espejo, y sin saber cómo, empezó a llorar.

Ningún niño ni persona del reino de los sueños jamás había llorado antes, jamás de los jamases, allí todos eran felices, claro todos menos Thara.

Y no había forma de calmarla, ni su madre ni su padre, ninguno de los allí presentes sabía ni que la sucedía, ni como cerrar aquello que la brotaba de los ojos mojándolo todo.

Así que su padre la tomó en brazos vestida de bruja con su recién estrenada nariz, regresando a casa esperando que así dejará de hacer aquello tan desconocido.

Thara esa noche no quiso cenar, ella se veía vestida de bruja y lloraba, tenía tanta pena por no nacer capacitada para lograr su sueño, que no podía parar de llorar por culpa de la pena.

Tanto lloro, y tanto se mojo de lagrimas, que por la mañana no pudo ir a clases, y lo que la sucedía corrió de boca en boca, hasta que llego a los mismísimos oídos del rey.

Este no daba crédito a semejante suceso, y decidió ir personalmente a ver lo que pasaba.

Cuando el rey llegó a casa de Thara se la encontró rodeada de llanto, la cama empapada, el vestido de bruja completamente mojado, incluso en el suelo había charquitos de lagrimas de tanto llorar.

Al rey se le mojaron un poco los zapatos, y creo que por eso se le encogió un pelín el corazón, cosa que tampoco en sus años de existencia le había sucedido nunca, la miró con la penilla esa que te entra cuando se encoge el corazón, y la preguntó.

–          ¿Por qué derraman líquido tus ojos?

–          No lo sé, sé que no quiero reír, y tampoco quiero ser espantapájaros

–          ¿Será eso tuyo, aquello que llaman enfermedad?

–          No lo sé

972485_10200759600384097_842493221_nRápidamente el rey publicó un aviso convocando a los mejores médicos, y todos y cada uno de ellos fueron a verla, pero nada, Thara seguía triste y llora que te llora, y lo peor no era eso, si no que empezó a contagiar su pena. Y quien decidía ir a visitarla o estar a su lado, pues también la padecía.

Claro que en el país de los sueños, nadie había llorado antes, ni penado, y lo nuevo ya se sabe confunde y mucho.

El rey ya no sabía qué hacer, y la pena se extendía por sus tierras como si de una primavera se tratase.

En cuanto se hablaba de Thara, ¡zas! Les entraba una pena a todos, que ni forma, y a llorar sin más remedio.

Tanta pena y tanto llanto, llevaron a que el rey hiciera un pleno para solucionar como fuere aquello. Todos los sabios se pusieron a indagar en los escritos más antiguos por si encontraban algo que les diera la solución.

Y mucho tuvieron que remontar hasta que dieron con un tratado helfico sobre penas y llantos, donde ponía lo siguiente.

Pena: Estado contrario a la alegría que causa dolor e incluso llanto, el llanto se reconoce porque de los ojos emana agua formando lo que se reconoce como lagrimas, síndrome por el cual se puede diagnosticar la pena.

Cura: buscar la causa que entristece y poner solución, hágase la misma por todos los medios que estén al alcance y se necesiten.

Nada más leerlo el rey llamó a todo su sequito, debían ir en busca de Thara y hacer todo cuanto recomendaba aquel tratado antiguo.

Según se aproximaban era tanta la pena de Thara, que todos los allí presentes entristecieron.

El rey decidió hablar con ella en persona, así que como conocía su habitación entro a buscarla sin más remilgos, ya no tenía puesto el vestido de bruja, y su madre andaba secando lagrimas de todos lados.

Su majestad pidió un asiento seco para hablar con ella, su madre dejó la fregona en un rincón y se lo proporcionó, entonces la habló bajito y con ternura.

–          Veo que sigues derramando agua por tus ojos, ahora te diré que eso que te sucede se llama llanto, he reunido a todos los sabios y ya sabemos cómo solucionar tu problema

La dijo, mientras extendía su mano real con un pañuelo para que secase sus lágrimas.

–          ¡ah sí!

–          ¡sí! Solo tienes que decirme porque estas tan triste

–          Eso es fácil, yo quiero ser bruja, pero no puedo, porque no nací preparada para ello, no puedo acercarme a un caldero para hacer filtros, me prendería fuego, ni volar en una escoba último modelo. ¿cómo seré bruja si no puedo volar ni hacer calderos?

–          ¡cierto!, pero tenemos que buscar una solución y rápido, si ese es tu sueño, ha de hacerse realidad, en mi reino no se llora y mucho menos se queda un sueño sin cumplir

El rey mando llamar enseguida al único ser del reino que podía hacer realidad cualquier sueño, por lejano e imposible que pareciera, y esta no era otra que el hada de los sueños; tardo un tris tras en aparecer, ya que su magia era efectivamente poderosa.

–          Dígame su majestad ¿Qué necesita?

–          Necesito que Thara pueda ser bruja, que no sea inflamable si se acerca a un caldero, y que pueda volar

–          Pero eso es fácil, solo necesita un vestido de bruja, y graduarse como bruja, para lo cual necesitara estudiar muchísimo, pero mucho, mucho.

Nada más escuchar estas palabras, la madre de Thara salió corriendo a buscar el vestido de bruja que se puso aquel día que le entro la pena. Y se lo enseño al rey.

–          Mi hija ya tiene el vestido de bruja, su majestad

–          ¡bien! Pues póngaselo y que mañana mismo empiece a estudiar brujería, solo espero que el día que te gradúes, seas la mejor espanta- bruja que tenga este reino, y se acabo la pena, ¡basta ya de llorar!

Y así fue como Thara con muchísimo esfuerzo por su parte claro, porque fue la mejor estudiante de hechizos y causas mágicas, termino haciendo su sueño realidad y siendo la más feliz de las felices espanta – brujas del reino de los sueños.

Y con este puntito final, este cuento que tiene su moraleja ha terminado.

Cuento infantil

Por: Estrella Montenegro

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