Cuento infantil: Susana mentirosa

Cuento infantil: Susana mentirosa

En un lugar muy… muy frio rodeado de montañas vivía Susana. Cada vez que salía de casa tenía que ponerse un abrigo largo, unas botas forradas de borrego, bufanda, guantes, gorro, orejeras y manoplas. Tenía que ponerse tantas cosas antes de salir que tenía que prepararse como poco diez minutos antes.

Siempre soñaba con ir vestida con poca ropa, pensaba que sería mucho más fácil ponerse un vestidito y unas chanclas, como lo hacían las niñas de sitios más cálidos para salir a la calle. Donde ella vivía no había mar, pero si había un lago que la mayor parte del año permanecía helado, y que usaban sus habitantes como pista de patinaje, pero eso de zambullirse en el agua caliente para quitarse el calor allí no se podía hacer.

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Susana tenía una imaginación de diez  que precisamente no la usaba callada, cada vez que soñaba lo hacía en voz alta, y esto le traía algún que otro problema en algún que otro momento.

Como cuando estando en clase, su profesora les pidió que saliesen uno a uno y contasen que habían hecho el fin de semana para distraerse.

Todos sus compañeros fueron muy realistas y contaron la verdad de la verdad, pero cuando  le llegó el turno  a Susana, y contó su fin de semana todos se quedaron boquiabiertos.

-¡Susana! Ahora es tu turno, por favor sal y cuéntanos a todos ¿qué has hecho este fin de semana?

-¡Voy!

Se levantó y se puso delante de la pizarra, sonrió y comenzó su historia…

-Este fin de semana hacia muchísimo calor

-¡Pero si estábamos a diez bajo cero!

Dijo cortándola uno de sus compañeros, la profesora le regaño miró a Susana y asintió con la cabeza para que prosiguiera…

-Cómo iba diciendo… hacía un calor espantoso, de hecho hacia tanto calor que mis padres me dejaron ir a la playa que está cerca de casa…

Nada más decir esto en la clase se armó un gran revuelo, porque sus compañeros Vivian donde ella vivía, y sabían que allí ni hacía calor ni había playa. Tantísimo revuelo se armó que la profesora  les pidió  a todos, calma y silencio para que continuase…

-Vosotros pensar lo que queráis… pero yo me fui a la playa, tengo esa suerte y voy cuando me apetece, si vosotros no podéis os… ¡chincháis! Yo no tengo la culpa de eso, pero dejar que os cuente lo mejor…  como voy tantas veces me he hecho amiga de un delfín. Nos lo pasamos increíble, siempre viene a buscarme a la orilla, me agarro a su aleta y me lleva a una isla cercana donde no habita nadie, esa isla está llena de cocoteros y árboles frutales,  después de refrescarme puedo comer toda la fruta que me apetezca, mangos, plátanos, fresas, melocotones. Mi amigo el delfín pesca algo siempre para mí, preparo un fuego y en sus brasas cocino un pescadito… rico… rico… luego con la tripa llena me tumbo a la sombra de las palmeras, y me duermo un rato para reponerme.  La verdad es que mis fines de semana son estupendos como veréis,  son súper divertidos   y refrescantes

Tras aquellas palabras su profesora no tuvo más remedio que hablar con ella, para corregir tanta mentira

-Susana querida… tú no vives al lado de una playa, por consiguiente no puedes ir a ninguna, ni vives en el caribe, ni aquí hay delfines, ni arboles tropicales, porque no nos cuentas realmente que has hecho este fin de semana

-¡Lo acabo de contar!

-Pero… ¡cariño! No puedes mentir de esa manera

-Yo no he mentido, de verdad que no

-Vas a obligarme a llamar a tus padres otra vez, no puedes contar mentiras de semejante tamaño

-¡Que no miento!

-Bien Susana…. ¡siéntate!

La profesora para atajar aquel problema llamo como le había advertido a sus padres, y concertó una cita esa misma tarde en el despacho del director.

Cuando terminaron las clases  su profesora la llevó a dirección donde ya esperaban sus padres, como muchas otras veces.  Entró beso a su madre, beso a su padre y se sentó en una silla pequeña esperando ser juzgada. La profesora contó lo que había ocurrido en clase, y su padre le pidió explicaciones allí mismo.

-Pero… ¡hija! Nosotros no vivimos en el trópico al lado del mar, no puedes contar tantas mentiras juntas y defenderlas como si fueran verdad

-Pero… ¡papi! Es que no he contado ninguna mentira

-¿Cómo qué no?

-¡No…! te acuerdas que estuve en mi cuarto todo el día

-¡Eso sí… es cierto!

-Pues soñé que estaba en la playa, jugando con los delfines entre otras cosas, eso fue lo que hice, y por tanto es verdad lo que he contado, que he omitido parte de la historia, eso es lo único cierto, que… podría haber dicho… Me tumbé en la cama e imagine que… pero eso no hubiera cambiado la historia en absoluto, a parte contada como la he contado es más divertida que si hubiera dicho que simplemente me tumbé a soñar

-¡Desde luego hija! No hay quien pueda contigo

Los padres de Susana no sabían que hacer ya con ella, y pidieron ayuda a la orientadora escolar. Tras escuchar a unos y a otros dio con la solución. Le pidió a Susana que escribiese todas aquellas historias que soñaba, y que una vez a la semana las leyese en clase, pero siempre diciendo que primero las había imaginado y luego escrito.

Y así lo hizo, con el tiempo aquella niña terminó siendo una estupenda escritora, y sus compañeros esperaban impacientes la hora en la cual ella les amenizaba con sus ingeniosos sueños.

Estrella Montenegro

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