Cuento infantil: San valentín y cupido no están en el mismo nido

Cuento infantil: San valentín y cupido no están en el mismo nido

cuento infantilMario tenía diez años, y aunque os parezca joven tenía clarísimo que quería ser actor, sus padres viendo que era imposible quitarle de la cabeza  aquella idea, decidieron inscribirle en  la joven compañía de teatro “Zapatillas sin cordones”.  Eso sí… con una condición, que no descuidase sus estudios.  Aquello no fue problema  y aceptó la proposición.

Llevaba ya unos meses en Zapatillas sin cordones, había hecho papeles pequeñitos como actor en algunas obras, también  había hecho de decorador, de taquillero, había participado en todo y cuanto le pedían. Para él ya no era ningún misterio lo que se pudiese esconder o no tras las cortinas de un teatro antes de la función.

Pero en el mes de diciembre después de la función de Navidad, decidieron que hiciera de guionista y de director en la siguiente representación. Mario se asustó muchísimo, no era lo mismo ser director que ser actor, y desde luego eso de escribir le resultaba muy difícil, pero le resultaba tan divertido aquel mundo, que aunque fuese un obstáculo que superar no decaería hasta lograrlo.

Quiso escribir algo diferente… algo nunca representado, y así es como nació “San Valentín y Cupido no están en el mismo Nido”

Después de escribirla reunió  a la compañía de teatro para sopesarla y ponerla en cartelera, la idea era un poco descabellada, ya que San Valentín es un santo conocido por todos, aunque no sé si sabéis su historia, se hizo tan famoso por casar a los jóvenes infringiendo una ley romana, a  los soldados romanos más jóvenes  les estaba prohibido contraer matrimonio, y San Valentín les casaba en secreto, esto le costó la cárcel. Por eso dicen que es el patrón de los enamorados; lo de Cupido es otra historia… es el hijo de dos dioses, concretamente de la diosa Venus y del dios Marte, como veréis no tienen nada que ver. Así que mezclarlos es algo impropio, pero Mario no vio problema alguno y tampoco el resto de sus compañeros, que al final interpretaron su obra.

Estaba Valentín sentado bajo un olivo, charlando tranquilamente sobre el amor con varios romanos. Uno de ellos se quejaba muchísimo porque se sentía solo y le echaba la culpa al mismísimo Cupido.

-¡No es justo! Y digo que no es justo y lo diré siempre, si Cupido en vez de mandarme flechas de olvido me mandase flechas de amor, yo estaría mucho mejor

Se quejaba y se quejaba aquel soldado ante el sacerdote Valentín, pero Valentín no dudó en calmarle y hacerle entender…

-No deberías estar tan rabioso ¿Qué harías si Cupido cayese de una de las ramas de este árbol?

-Le pediría explicaciones… ¡no lo dudes!

Entonces… un tremendo estruendo surgió de entre aquellas ramas de olivo, porque Cupido intentaba agarrarse a ellas para no terminar dándose un golpe contra el suelo. Todos miraron hacia arriba, dos de los soldados se asustaron al ver que quien estaba enredado en ellas, era precisamente de quien estaban hablando en ese preciso momento, y dieron un respingo levantándose del sitio, para echar a correr después.

Sin embargo Valentín actuó calmado y sonrió al soldado que tan solo unos momentos antes estas refunfuñando por su situación sentimental y echándole las culpas a Cupido.

-¡Mira… por donde! Aquí lo tienes, pero… primero vamos a intentar ayudarle

Dijo mientras se incorporaba para posteriormente ayudar a Cupido a bajar de las ramas de aquel olivo, luego le ofreció un poco de agua fresca que tenía guardada en una tinaja.

-¿Quieres agua?

-¡Si… gracias!

Mientras Cupido bebía agua para pasar aquel mal trago, Valentín le pidió escusas por hablar de él sin estar presente.

-Has de perdonar a este joven soldado por hablar así de ti

-¡No te preocupes! Si supieras las cosas que dicen de mí continuamente te sorprenderías

-¡Cuánto lo siento!

-De verdad no tiene importancia, lo que importa es porque este joven soldado no encuentra muchacha que le quiera

Comentó mientras se colocaba las alas de la espalda como si tal cosa, entonces aquel joven soldado no dudó en contestarle

-¡No la encuentro! O… ¿no me encuentra? El caso es que no tengo pareja y me siento solo, si tú no me hubieras lanzado una de tus famosas flechas de olvido

-¿Crees de verdad que te he lanzado una de esas flechas?

-Yo… creo que si

-¿Por qué?

-Porque todos mis compañeros ya han tenido más de dos novias, y eso sin contar las chicas que han llegado a conocer, y… ¡yo! Nada de nada

-Pues… siento decepcionarte, porque no te he lanzado ni flechas de amor, ni flechas de olvido, ni flechas de ninguna clase, te aseguro que lo recordaría, de todas maneras deja que haga memoria un momento…

Cupido se sentó debajo del olivo junto a Valentín, y puso cara de intentar recordar, al cabo de unos minutos continuó hablando

-¡No…! definitivamente no te he lanzado ninguna de mis flechas ¿Quieres que lo haga ahora mismo? Podría lanzarla al aire, y allá donde paré será tu suerte

-¡Si…! Hazlo… ¡hazlo por favor!

Entonces Valentín intento quitarle la idea de la cabeza, pero sin resultado alguno…

-¡No pidas eso! No al menos de esa manera

-¡Estoy harto de estar solo! Yo quiero que lance una de sus flechas, esa que nunca ha lanzado para mí

Y dicho y hecho, Cupido tomó su arco, tomó una de sus flechas del amor y la lanzó al aire, recorrió un gran trecho hasta que se perdió de vista, el soldado intranquilo preguntó a Cupido cuando llegaría su enamorada

-¿Cuándo vendrá ella a buscarme?

-Ella no vendrá la encontraras

Tras lo cual se echó a reír y se marchó volando tal cual vino, Valentín le reprimió por lo que había hecho, y le dijo que las cosas que se hacen de cualquier manera de cualquier manera terminan.

Pasaron los días, y estando aquel soldado disfrutando en la ciudad de un mercadillo ambulante, una mona se le echó encima. Por más que intentaba apartarla no podía separarla de su cuerpo. Entonces vio como aún quedaban restos de aquella flecha que cupido lanzó cuando él se lo pidió.

Aquella monita fue su tormento, porque no dejaba por culpa de los celos que ninguna chica se le acercase para nada, y allá donde iba ella le acompañaba. Desesperado fue a buscar a Valentín para pedirle consejo…

-¿Dígame que puedo hacer? Ahora ya no puedo encontrar mujer, las chicas que se acercan a mí son espantadas por esta monita, que aunque la estimo porque me hace mucha compañía no podrá ser jamás mi mujer

-Ya te dije que te lo pensaras, uno no puede exigir ciertas cosas sin saber qué consecuencias puede tener a posteriori, si te hubieras esperado, si hubieras tenido paciencia, hubieras podido lograr lo que tanto anhelabas como realmente lo deseabas, ahora tienes lo que quisiste pero no como lo quieres.

Desde entonces el soldadito celebra San Valentín con una monita enamorada.

Cuento infantil de Estrella Montenegro

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