Cuento infantil: ¡Que gane el mejor!

Cuento infantil: ¡Que gane el mejor!

cuento infantilQue revolución había en Prado Margarita, todos los habitantes estaban no ya nerviosos, si no… ¡nerviosísimos!

Ya se habían abierto las inscripciones para la gran carrera. Y cada cual buscaba su jinete.

Los ratoncitos de campo se habían construido un cartel para que se fijasen en ellos.

A las liebres no les hacía falta, su reputación no estaba en juego.

Y al final de aquella fila tan grande, a un lado de ella estaba Don Caracol, gimoteando y llorando, esperando no ser visto.

Lila que había ganado las diez últimas carreras, se acercó para escoger su pareja. Recorrió la fila del inicio al fin como tres veces, no quería repetir compañero, además sabía que todos la preferían a ella. Por eso tenía que elegir de la mejor forma posible, que no era otra que con el corazón.

Cada vez que ella decía…

-¡Hola!

Todos los demás respondían…

-¡Elígeme a mí! ¡A mí! ¡A mí, a mí!

Pero Lila tenía que pensárselo muy bien no podía elegir de cualquier manera, así que se sentó al final de aquella tremenda hilera, justo al lado de Don Caracol.

-¿No te importa que me siente a tu lado? – Le preguntó

-¡No! En absoluto

-¡Gracias! Es que tengo que pensar

-¿Lo tienes difícil?

-Es cierto aún no me he decidido

-Pues tienes muchos a quienes escoger

-No te creas

-¡Ojala yo pudiera participar!

-Y… ¿Por qué no te apuntas?

-¿Quién querría correr con un caracol? – Le preguntó volviendo a sollozar

Entonces ambos se quedaron callados, hasta que Lila le miró y le sonrió para decirle.

-¿De verdad te gustaría participar?

-¿Qué si me gustaría? ¿Que si me gustaría? Pues… ¡Claro que me gustaría!

-Y… ¿Por qué no te apuntas? Puede que si te apuntas puedas hacerlo

-Ya te he dicho antes que nadie quiere correr con un caracol

-¿Estás seguro?

-¡Claro que lo estoy!

-Pero… ¿te has apuntado para decir eso con tal firmeza?

-Todos los años me he apuntado, y todos los años me he quedado esperando a que alguien se diera cuenta que lo había hecho

-Y… ¿este año lo has hecho?

-Este año no lo he hecho ¿Para qué?

-Porque puede que este año consigas pareja

-Y… eso lo dices tú, que siempre ganas

-¡Pues sí! Eso lo digo yo que siempre gano, y como siempre gano y no estoy acostumbrada a darme por vencida se de lo que hablo, así que me voy a quedar aquí a tu lado hasta que te apuntes.

Luego se callaron y no hablaron más, ya lo hicieron por ellos todos los demás participantes, cada dos por tres venían a pedirle a Lila que se decidiera por tal o por cual.

Incluso vino la prensa a preguntarla si ya había escogido candidato, a lo que ella contestó…

-¡Sí! Ya tengo compañero, pero él aún no lo sabe, y no lo sabe porque no se ha apuntado todavía

Menudo revuelo se armó cuando hizo Lila aquellas afirmaciones públicamente. Unos y otros se preguntaban ¿Quién era el afortunado? Pero por más conjeturas que se hacían no tenían ni la menor de las ideas.

Ni tan siquiera Don Caracol dedujo que era a él a quien ella estaba esperando. Y como no parecía enterarse por más indirectas que le lanzaba, decidió ser mucho más clara y decírselo sin paños calientes.

-¿De verdad no te das por aludido?

-Aludido… ¿de qué?

-¡Esta bien! – Dijo poniéndose de pie y sacudiéndose el vestido – No me dejas otra elección que hacerlo de esta manera

Don Caracol no entendía muy bien que estaba sucediendo

-¡No te entiendo!

-¿Quieres o no quieres ser mi compañero en esta carrera?

-¡Que soy un caracol!

-Y… ¡que!

-¡Que no vas a ganar aunque quieras!

-¿Eso quien lo dice?

-Pues… ¡Yo!

-¡Ah tú! No me vale, ya te he dicho que estoy acostumbrada a ganar y no me doy por vencida, y este año no va a ser menos

-Pero… ¡Que vamos a quedar los últimos!

-Y… ¡A mí que!

-¡Que no vas a ganar!

-¡Ay! Que cortito eres, yo ya gano si tú me escoges como compañera

-¿Qué ganas?

-¡Un amigo! Si tú quieres claro

Don Caracol no podía creer lo que estaba escuchando, iba a ganar una amiga así sin más, solo por no darse por vencido y volverse a apuntar a la carrera.

Y así de esta manera dejaron a todos atónitos, la mejor corredora de todos los tiempos había escogido la amistad como premio. Y todos aplaudieron porque aunque no llegasen a la meta los primeros, ya habían ganado.

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