Cuento infantil: Las manias de caperucita roja

Cuenta el cuento que ya sabemos, que Caperucita Roja era una niña muy buena, bueno eso de… buena lo cuenta el cuento, pero ni el lobo era tan malo ni ella era tan buena.

Caperucita tenía muchas manías, manías como la de peinarse tres veces del derecho y tres veces del revés antes de acostarse.

O esa otra manía que tiene, esa… de colocar los libros por orden de lectura. El primero que se ha leído es el último, y el que se está leyendo el primero.

La verdad es que todos tenemos manías, como la que tiene su amigo Cosme, Cosme es uno de los mejores amigos de Caperucita, y tiene una manía que la crispa  los nervios ¿cuál es? Os preguntareis, pues la verdad es que cuando me la contó a mí también me dio grima, se cruje las manos cuando te dice… ¡Hola!

Caperucita siempre le dijo que podría guiñar un ojo, o sonreír de medio lado, o rascarse una oreja, que podía hacer cualquier otra cosa antes que esa, porque le parecía molesta. Una vez le llego a preguntar… ¿Cosme cuantas veces has llegados a crujir tus manos en un mismo día?, a lo que su amigo se encogió de hombros, porque ni el mismo lo sabía.

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Fue ese día y no otro el día que comenzó a coleccionar manías ¿Cómo se coleccionan manías? Os preguntareis

Bueno creo que en eso del coleccionismo no existen muchas reglas, sobre todo cuando se trata de colecciones propias.

Caperucita Roja lo hizo de la siguiente manera, hacia una fotografía del propietario de la manía mientras la practicaba, y luego la pegaba en un álbum en el que luego ponía que clase de manía era aquella, y quien era su propietario.

Desde día que lo comenzó con la foto de su amigo Cosme crujiéndose las manos, hasta la fecha de esta historia había coleccionado la friolera de decenas de manías.

Por ejemplo en el octavo lugar estaba la manía de María la panadera, que nunca, pero nunca… nunca ponía un solo bollo en el expositor sin antes haberlo limpiado cuatro veces. Quizás por eso siempre estaba como los chorros del oro.

La manía de su profesora Jacinta ocupaba el lugar dieciocho, tenía la manía de tocarse tres veces la nariz con la punta del dedo índice derecho, antes de recordar algo.

Un día estaba enseñando su colección de manías a su mejor amigo, ya sabéis… ¡Cosme! Mientras señalaba alguna que le había costado conseguir, como la manía que tenía el cura.

‐¡Qué manía va a tener el padre Luis! – Le dijo Cosme, todo asustado

‐¡La tiene! Porque todos tenemos al menos una

‐Yo nunca he visto al padre hacer nada raro

‐Eso es porque no coleccionas manías, yo como si las colecciono me fijo más

‐Y… ¿cuál es? Listilla

‐Tiene una muy rara, y difícil de sacar en una sola foto

‐¿Por qué?

‐¡Veras! Te lo voy a enseñar para que lo entiendas mejor

Caperucita corrió las hojas de su álbum hacia delante primero, para luego correr algunas hacia detrás. Hasta que dio con la manía del padre Luis.

Se podían observar cuatro fotos, en la primera salía arrodillado santiguándose, en otra salía colocándose el faldón del hábito. En otra salía rascándose la oreja, y en otra… entrando en casa.

‐No entiendo nada Caperu

‐Veras es que el padre Luis hace siempre lo siguiente, cuando sale de casa se arrodilla y santigua, eso está en esta foto… la primera, luego antes de torcer a la derecha o la izquierda para tomar la calle principal, se coloca el hábito, luego se rasca la oreja como si se acordara de que algo se le olvida y vuelve a entrar en casa.

‐¿Eso lo hace siempre?

‐¡Siempre!

‐¡Me estas tomando el pelo!

‐¡para nada!

‐Mira mañana antes de la misa de las cinco te espero frente a su puerta, veras como lo hace. Así fue como sucedió, Cosme y Caperucita se quedaron frente a la puerta de la casa del padre

Luis, esperando a  que  saliera de  ella  para dar  la  misa de  las  cinco. Y  tal  y  como conto

Caperucita sucedieron las cosas.

Entonces Cosme se dio cuenta de una cosa, y esta no era otra de que Caperucita ya tenía todas las manías coleccionadas, por lo menos todas aquellas que saltaban a primera vista, y que había comenzado con aquellas que pasaban desapercibidas para el resto. Pero también se había dado cuenta de una cosa, que no tenía las manías más importantes.

Así que a partir de ese día se dedicó a buscárselas para regalárselas, y que de este modo no le faltasen las mejores. Y cuando las reunió, la invitó a tomar café para darselas.

Todas aquellas manías pertenecían a Caperucita, estaba la de peinarse tres veces del derecho y tres veces del revés antes de acostarse, la de colocar los libros por orden de lectura. El primero que se ha leído es el último, y el que se está leyendo el primero.

Caperucita se puso muy contenta cuando las vio, porque aquellas no hubiera tenido forma de recopilarlas ella misma, pero gracias a su amigo Cosme su colección tenía todas las manías incluso las suyas propias.

Cuento infantil por Estrella Montenegro

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