Cuento infantil: La rana que buscaba un principe

Cuento infantil: La rana que buscaba un principe

1492824_10201438593238494_762072657_nConozco uno cuantos cuentos en los que las princesas besan a un sapo y este se convierte en un encantador príncipe.

Y los cuentos son cuentos, unos son muy ciertos y otros contienen mentirijillas para hacerlos más interesantes.

Como sucede con este cuento que no sé si es del todo cierto, pero por si acaso yo os lo cuento…

En la charca real la princesa de las ranas, la futura reina Silvana no encontraba ningún sapo encantador y refinado que pudiera ocupar el futuro puesto de rey.

Porque todos los sapos y sapitos del aquel lugar eran toscos, pero sobre todo eran muy pero que muy… muy sapos.

Silvana sabía que  en alguna que otra ocasión, se había acercado a la charca más de una princesa humana, y que se había tirado toda la tarde, o toda la mañana dando besos a los sapos de su reino. Y todo para encontrar a su príncipe encantado, por eso pensó que quizás su príncipe sapo estuviese también encantado, y viviera sin saber que era un sapo dentro del reino de los humanos.

Así que se armó de valor y fue en su búsqueda. Al salir de su tranquila y protegida charca todo cambió. Todo era más grande y ella mucho más pequeña e insignificante, por lo tanto todo era mucho más peligroso.

Tuvo que sortear los pasos de mucha gente para no acabar aplastada en mitad de la calle. Tuvo que esquivar las ruedas de los carros  y los cascos de los caballos. Cada vez que recorría unos metros por pequeños que fuesen acababa agotada, entonces tenía que parar, descansar y  armarse de fuerzas para continuar.

Pero aunque aquello a Silvana le pareció lo más difícil y trabajoso de aquella aventura, la verdad es que no fue así. Lo más difícil estaba aún por llegar, porque… ¿Dónde tendría que buscar a su sapo encantado? Y… ¿Cómo convencería a aquellos apuestos jóvenes para que se dejaran besar por ella?

Cuando uno tiene un plan suelen haber inconvenientes que surgen sin avisar, y uno tiene que solventarlos improvisando. Así que se subió a una caja de madera que había abandonada en mitad de la acera y puso morritos, para ver si algún joven captaba el mensaje. Pero la gente pasaba a su lado sin percatarse de su real existencia, ser tan pequeña en un mundo de grandes no era el mayor de sus inconvenientes, pero si el primero que no sabía cómo resolver, Croó y saltó para hacerse ver, pero ni por esas se fijaban en ella. Pero no desistió en su empeño y siguió croando y saltando. Hasta que una niña pequeña se dio cuenta de que estaba allí.

Se acercó y cuando la miró percibió que Silvana portaba una corona dorada, este hecho le pareció algo extraño, y como era una niña no dudo en preguntarla, sin saber si Silvana la podría entender.

-¿Por qué llevas una corona? ¿Porque pegas tantos saltos y no te vas a un lugar más fresquito y húmedo?

Lo que no sabía aquella pequeña es que las princesas sean ranas, sirenas, o abejas tienen la capacidad de hacerse entender, y la contestó

-¡Soy la princesa Silvana! Estoy buscando a mi príncipe encantado

-Y… ¿Cómo lo vas a encontrar?

-He venido a buscarlo de la misma manera que lo buscan las princesas de tu reino en mi charca… ¡dando besos!

-¡Uf! No sé yo si te van a querer besar, para empezar no eres especialmente llamativa, eres verde y pequeña ¿Quién va a querer besarte?

-Cuando las princesas de tu reino vienen a mi charca en busca de su príncipe no piensan que los sapos son sapos, y… los besan

-¡Ya! Pero no es lo mismo ir a abrir la puerta que llamar, o eso dice mi padre

-Puede que tengas razón, pero no pienso regresar sin intentarlo

-¡Quizás yo te pueda ayudar!

-¿Cómo?

-Si te anunciáramos con un eslogan interesante, que llamase la atención seguro que harían cola para ser besados

-¡Oh…! Que buenísima idea, y… ¿Cuál sería ese eslogan?

-Yo escribiría un cartel bien grande donde estuviese escrito… “princesa busca príncipe interesados besar a la rana”

-Y… ¡ya está!

-¡Si… así nada más! Porque… ¿tú no eres una princesa en busca de príncipe?

-¡Pues claro!

-Pues no hay que mentir nunca, seguro que piensan que eres tú la encantada y no al contrario ¿por qué no lo probamos?

-¡Muy bien hagámoslo!

Y fue así como la princesa Silvana se puso a dar besos a cientos y cientos de jóvenes que deseaban ser príncipe.

Dio tantos besos  que regresó a su charca igual que llego a la ciudad, sin su príncipe sapo, de camino recordó que había caído en el mismo error que las princesas que se acercaban a besar sapos a su charca, y que luego se marchaban solas y decepcionadas tras  haber besado a todos los sapos.

Y es que encontrar un príncipe encantado es como encontrar un sapo encantado, tan difícil como buscar una aguja en un pajar. Así que Silvana pensó que lo mejor era encontrar un sapito que aunque fuera sapo, la quisiera y la entendiese para ocupar la vacante de príncipe.

Pero eso no significa que no existan los príncipes, sean estos azules o verdes, solo que a veces los cuentos son cuentos y tienen mentirijillas para que gusten más.

Cuento infantil por Estrella Montenegro

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