Cuento infantil: Las hormigas de las pipas de sandia

Cuento infantil: Las hormigas de las pipas de sandia

Había una vez un hormiguero muy… muy grande, era tan inmenso que para que aquello no fuese un caos y la población funcionase correctamente, cada una de las hormigas tenía una labor concreta, una profesión específica que realizar a diario.

En aquel hormiguero existían cientos de cargos, existían hormigas soldado que lo protegían de los intrusos, hormigas niñeras, hormigas obreras, porteadoras.

Las ocupaciones eran muy diversas,  pero para que nadie se confundiese también eran muy concretas.

Las hormigas recolectoras salían del hormiguero cada día, protegidas por las que eran soldados, estas recorrían larguísimas distancias siempre por el camino que antes una hormiga exploradora había dejado marcado.

Cuando una exploradora encontraba un trozo de pan abandonado, regresaba al hormiguero avisando de su hallazgo; según fuese el trozo de pan de grande así le asignaban un batallón de recolectoras más o menos grande, que necesitaba un batallón de diez recolectoras, pues le mandaban diez hormigas, que lo necesitaba de cien, pues entonces le asignaban cien recolectoras.

cuento infantil (2)

Las hormigas recolectoras no podían ser tiquis miquis, lo mismo recolectaban que portaban. No importaba mucho si les gustaba el pan más que el azúcar, o la fruta más que las pipas, pues tenían que cortarlo con las tenacitas de su boca, y luego portarlo hasta su ciudad sumergida, sin tirarlo ni comérselo.

Y esto era así desde hacía tantísimos cientos y cientos de años, que nadie jamás lo había puesto en tela de juicio. Cuando una hormiga nacía y le asignaban una ocupación, ni rechistaba lo asumía hasta el final de sus días.

Pero hubo una vez que una de las hormigas de esta ciudad rompió todos los esquemas, todas las normas establecidas desde tan antaño que no existían ni escritas.

Carusa había nacido obrera, se había criado como obrera, se había entrenado como obrera, dormía y comía entre otras muchas más  obreras. Por lo tanto se levantaba obrera y se acostaba obrera todos los días.

Siempre arreglando los desperfectos que surgían en aquel hormiguero, siempre con la boca y las patitas llenas de tierra. Cuando le tocaba arreglar la entrada del hormiguero, veía como sus vecinas portaban suculentos alimentos hacia el interior de la ciudad, y se preguntaba… “¿Seguro que conocen el sabor de todos los alimentos que hay en el almacén de provisiones?” Y se decía… “Me gusta mucho más su trabajo”

Hasta que un día no quiso preguntarse ni decirse más nada, y fue a quejarse ante la mismísima hormiga de las hormigas, ante la mismísima reina, que andaba muy ocupada poniendo huevos.

-¡Su majestad! Necesito hablar con usted de un asunto importante

-¡Será mejor que sea como dices de importante! Porque estoy muy ocupada como puedes darte cuenta

-¡Lo es! Su majestad

-¡Pues tu dirás!

-Majestad yo soy obrera y quiero ser porteadora

Ante aquella petición la hormiga reina se quedó atónita, pues no conocía en sus años de existencia, ni en los años de existencia de ninguna otra reina en aquel hormiguero, que uno de sus habitantes quisiese ser otra cosa diferente, a la que le hubieran encomendado al nacer.

-¿Tu no naciste obrera?

-¡Si mi reina!

-¡Entonces eres una obrera! Y no se hable más

-Si al menos me diese la oportunidad de ser porteadora, le demostraría que tengo cualidades más que suficientes para ejercer esa otra labor

-Aquí nadie se sale de su papel, la que nace obrera, se cría obrera, y termina como obrera

-¡Le suplico me dé una oportunidad!

Tras aquellas palabras, la reina se reunió con su gabinete consejero, cosa que hacía muy excepcionalmente, y muy pero que muy de vez en cuando, más que nada porque en aquel hormiguero nunca había problemas de convivencia. Lo pensaron y analizaron y tomaron una decisión

-He pensado querida obrera que para que podamos darte el puesto de porteadora, tendrías que demostrar no solo que estas cualificada como dices para desempeñarlo, puesto que si lo hago, habrá un precedente en el hormiguero, y todos sus habitantes querrán ser lo que no son, por eso para conseguirlo tendrás que hacer una proeza.

-¿Qué proeza?

-Nuestra comunidad tiene una dieta muy variada ¿Lo sabes?

-¡Es cierto!

-Estamos escasas de pipas de sandia

-Pues yo le traigo pipas de sandia

-No es tan fácil, como ya te he dicho las proezas requieren riesgos, requieren un acto único, un acto heroico

-Estoy dispuesta hacer lo que sea necesario para demostrarte mi capacidad

-¿Seguro?

-¡Sí!

-Si estas tan segura de lo que vas a hacer, te diré los riesgos que vas a correr, las hormigas recolectoras porteadoras no tienen un trabajo fácil, aunque las demás lo piensen, se exponen a peligros que otras hormigas no tienen, cada vez que salen fuera del hormiguero están expuestas a que otros animales se las coman, sé que tenemos soldados, y muy buenos, pero ante ciertos peligros no pueden hacer mucho. Estamos escasos de pipas de sandía, porque cada vez que mandamos un batallón a buscarlas unos pájaros que anidan cerca de la plantación las atacan, cada vez tenemos más bajas en este sector, si tú eres capaz de buscar una solución a este conflicto te cambiaré de puesto como me pides.

Carusa aceptó la proposición de la reina. Inspeccionó el recorrido, examinó el problema con detenimiento, se tomó el tiempo necesario para hallar una solución, y tanto ansiaba cambiar de trabajo que la halló.

Ellas tenían una capacidad que los pájaros no tenían, esta capacidad no es otra que la de levantar un peso muy elevado. Pensó que si se cubría con algo que la hiciera pasar desapercibida aquellos pájaros no la descubrirían.

Así que buscó un guijarro de piedra lo suficientemente grande para que no supiesen que ella estaba debajo, lo portó hasta la plantación de sandias, tomó una pipa de sandía y regreso bajo el guijarro exactamente de igual manera que fue.

Y esto lo hizo sin la ayuda ni la protección de ningún soldado. Repitió esta hazaña tantas veces que al final terminó por llenar la despensa de pipas de Sandia.

Lo hizo tan bien, tan bien, que no solo sirvió como ejemplo a la comunidad, también fue nombrada la primera hormiga recolectora de pipas de sandía.

Y es que cuando queremos algo de verdad, no importan los inconvenientes a los que tendremos que enfrentarnos, porque buscaremos la manera de solventarlos, por eso existen pintores que pintan sin tener manos, o deportistas paraolímpicos. La tenacidad es un valor que nos puede hacer excepcionales.

 Estrella Montenegro

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