Cuento infantil: El puente

Cuento infantil: El puente

Cuenta la historia que hace muchos… pero que muchos años los dos pueblos que había a cada lado del rio Revuelto, se llevaban bien, es más… estaban tan hermanados los ciudadanos de un lado y  otro del rio, que llegaron incluso a unir su esfuerzo y su trabajo para construir un puente,  y así poder cruzar el rio  a pie, sin necesidad de hacerlo a nado  o en las barcas.

Este puente era algo maravilloso, porque desde que se construyó ambos pueblos prosperaron  y crecieron.

Los comerciantes…  los niños,  en definitiva todos y cada uno de los habitantes de ambos lados, lo utilizaban con muchísima frecuencia. Y reinaba la cordialidad en aquel lugar.

Os diré que por aquel entonces existía un único rey que gobernaba con benevolencia y equidad. Y eso intentó inculcar a sus dos hijos, para que cuando él faltase sus pueblos siguieran creciendo en paz y equilibrio.

Este rey que era tan equitativo, quiso ser de igual manera con sus hijos,  dejando especificado  en su última voluntad  que cada uno  de sus hijos gobernase por igual,  para lo cual decidió que cada uno de ellos se quedase con un pueblo.

puente

-Hijos míos cada uno gobernaréis por igual, pero debéis de hacerlo en acuerdo y armonía, sé que lo haréis perfectamente porque es lo que os he enseñado durante toda mi larga vida.

Dijo aquel rey a sus hijos, pensando que aunque él faltase, sus hijos seguirían sus pasos y su ejemplo.

Cuando aquel rey sin que nadie lo quisiese faltó, efectivamente sus dos hijos se hicieron cargo de los tronos que habían heredado. Y todo fue muy bien pero… solo durante un pequeño periodo de tiempo. Ya que al igual que su padre el rey no gobernaba solo, y tenía personas que le aconsejasen en ciertos temas,  sus hijos hicieron lo mismo.

Pero aquellos consejeros, que no fueron criados ni educados por el rey, comenzaron a malmeter y a convencer a cada uno de sus reyes de la importancia que tenía aquel puente, puesto que pueblos si había dos, pero puente solo uno.

Y poco a poco aquellos consejeros fueron  malmetiendo más… y más, hasta que se declararon la guerra,  y todo para ver quien tenía la potestad sobre el puente que unía los dos pueblos.

Entonces sus habitantes comenzaron a llevarse mal, a enemistarse de tal manera que aquella guerra les dejó pobres y deteriorados.

Incluso en mitad de aquel percance ambos reyes mandaron destruir cada uno su lado de puente, haciéndole desaparecer.

Las poblaciones de ambos lados estaban  heridas, enfermas, maltrechas… llenas de consecuencias negativas por aquel enfrentamiento.

El rey no podía descansar en paz viendo lo que sus hijos estaban haciendo con su hermoso y próspero reino. Indignado se les apareció en sueños,  y les pidió que fueran a la orilla del rio Revuelto donde ante se encontraba el puente.

Ambos hijos creyeron en aquella aparición, y sin dudarlo fueron tal y como les había solicitado el padre.

Cuando se vieron los hermanos uno a cada lado del rio, comenzaron a gritarse y a reprocharse todas y cada una de las consecuencias tan desastrosas de aquel enfrentamiento, echándose  la culpa el uno al otro.

Entonces la voz de su padre, grave y profunda surgió del centro de aquellas aguas…

-¡Hijos míos! No estáis haciendo las cosas como yo os he enseñado, os pedí que gobernarais con equidad, equilibrio… comprensión, pero sobre todo que lo hicierais con amor, y lo que veo es todo lo contrario ¿Qué hice yo mal, para que esto suceda así? No veis que no puedo descansar en paz con tanta guerra.

Ambos se quedaron  boquiabiertos al escuchar los reproches de su padre, tanto le admiraban y amaban que quisieron disculparse.

-¡Padre discúlpanos no queríamos disgustarle! –Contestaron al unísono

-¿Qué os ha llevado a semejante enfrentamiento?

Los hijos le contaron que hicieron caso a sus consejeros, que ellos fueron quienes les alentaron para luchar por la potestad del puente que unía los dos pueblos,  el padre se enfureció aún más y les dio una última lección.

-¡Los consejeros no gobiernan!- grito muy enfadado- Los que gobernáis sois vosotros, ¿yo no os enseñé a compartir? Acaso… ¡no lo hice! A caso no os mostré a diario que un pan se debe dividir entre todos los comensales de una mesa,  que la sed es menos sed si se comparte el agua… ¡es que no habéis aprendido absolutamente nada de mis actos!… ¡mirad como tenéis a los pueblos! ¡Construir nuevamente el puente! Que no era vuestro si no de los ciudadanos, dirigir vuestros reinos como yo os he enseñado, y… ¡no volváis a hacer caso a medios días habiendo días enteros!

Sus dos hijos le hicieron caso de inmediato, reconstruyeron el puente y firmaron la paz nuevamente entre los pueblos, y aunque siguieron teniendo consejeros no dejaron que gobernasen ellos,  cuando tenían alguna duda o debían tomar alguna decisión se reunían y decidían en común, siempre pensando que era lo mejor para su pueblo, nunca más volvió a gobernar el egoísmo, y volvieron a prosperar y crecer en armonía.

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