Cuento infantil: El Hada Azul

Cuento infantil: El Hada Azul

Cuenta la leyenda que un hada azul, tan azul como el mar, tan azul como el cielo. Fue tejiendo y tejiendo con gotitas de rocío un espejo.

Este espejo no era un espejo cualquiera… ¡no…! este era un espejo súper mágico. Tan mágico era este espejo que… solo las personas con un corazón limpio y noble podrían reflejarse en él.

El hada lo usaba para averiguar quiénes se merecían sus apreciados regalos y quiénes no. Una herramienta muy útil para no dar a quien no lo merecía lo que no necesitaba.

Un día llegó a la comarca un matrimonio con sus tres hijos, no tenían posesiones materiales, ni tan siquiera un techo donde cobijarse, como se acercaba la noche y esta venía cargada de viento, lluvia y frio, se adentraron en el bosque en busca de refugio.

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Tras andar entre la espesura y la maleza encontraron una cueva pequeñita donde podían entrar todos apretados y guarecerse. El padre hizo un pequeño fuego para calentarse y secar sus ropas mojadas. Para distraer a sus hijos y no sintieran aquellos dolores de tripa que les traía el hambre, les contaban cuentos hasta que se quedaban dormidos pegados los unos a los otros.

En mitad de la noche una gran tormenta repleta de rayos y relámpagos despertó a la familia, uno de los rayos cayó muy cerca e iluminó el bosque por completo, pudiendo ver como alguien se aproximaba corriendo por aquel impetuoso aguacero.

Cuando llegó a la entrada de la cueva aquel hombre pidió permiso para guarecerse, y aunque no tenían bienes materiales de ningún tipo, si poseían algo que no tenía precio, tenían buen corazón y le dejaron que se sentara junto a ellos en el fuego.

Aquel extraño les contó que estaba buscando a una niña que se había perdido, que todo el pueblo andaba tras su búsqueda, que se había alejado de sus padres cuando paseaban por el bosque por la mañana, y que desde entonces no la habían vuelto a ver. Así que pensando que pensando que la niña estaba en la cueva junto al fuego, se acercó, que en cuanto recobrase las fuerzas proseguiría con la búsqueda.

El padre de aquellos niños al escuchar aquello, decidió ayudar en la búsqueda, y cuando el hombre recobró el calor le acompaño despidiéndose de su mujer y sus tres hijos.

Durante toda la noche estuvo lloviendo sin parar, cuando amaneció la madre con sus tres hijos no sabía qué hacer, así que viendo que el padre no había regresado y que no podían estar allí todo el día metidos, decidieron emprender ellos también la búsqueda de aquella pequeña.

Bajaron un terraplén lleno de zarzas porque abajo vieron unas deliciosas y maduras frambuesas, como tenían tanta hambre no lo dudaron y se pusieron a recolectarlas para tener algo que comer, y mientras lo hacían escucharon a una niña llorar.

Fueron corriendo a mirar ya que pensaron que era la niña perdida, pero no vieron a nadie, aunque si se escuchaba el llanto, el más pequeño de los hermanos miró detenidamente y lo que vio fue un hada llorando. Ante este hallazgo llamó la atención de sus hermanos para que viesen lo que había encontrado.

Era un hada azul sus alas estaban enganchadas en la zarzas, y no podía moverse. Muy despacio con una paciencia infinita para que las alas del hada no se dañaran más de lo que ya estaban, la desenzarzaron, cuando se sintió libre les dio las gracias.

-¡Muchas gracias! Habéis sido muy buenos conmigo, gracias a vuestra ayuda mis alas no han quedado tan mal paradas

Les dijo mientras se atusaba encima de una roca; entonces el más curioso de los tres hermanos le preguntó…

-¿Cómo has ido a parar a la zarza?

-Veréis, resulta que anoche me encontré a una niña perdida, como lloraba desconsoladamente y parecía triste, le dejé mi espejo, es un espejo mágico, se lo dejé para que lo usará para volver junto a sus padres, pero en vez de eso lo cogió y se pudo a pedir cosas sin sentido

-¿Qué cosas?

-Que si un poni, que si caramelos, que si un vestido nuevo… el caso es que mi espejo solo funciona si las personas que lo usan tienen buen corazón, como no le funcionó lo tiró contra el suelo, lo pisoteó y luego me lanzó contra las zarzas, tras lo cual quedé enganchada

-A esa niña la está buscando muchísima gente, nuestro padre se marchó en mitad de la tormenta para encontrarla y nos dejó solos.

-¡Que dilema! Ahora no sé ni tan siquiera donde fue a parar mi espejo y vosotros no sabéis donde esta vuestro padre

-¡Es cierto!

Respondieron los hermanos todos a la vez.  Entonces escucharon como su madre les llamaba desesperadamente y para no preocuparla respondieron que estaban bien y se despidieron del hada.

-Tenemos que irnos, solo bajamos para recoger algunas frambuesas, nuestra madre lleva días sin comer, y este puñadito que hemos recogido le quitara el dolor de tripa.

El hada vio que aquellos niños necesitan ayuda, pero no podía hacer nada sin su espejo, así que dejo que se marchasen para poder encontrarlo.

Los niños regresaron con su madre y luego se fueron juntos de nuevo a la cueva a ver si su padre había regresado.

Su padre había encontrado a la niña y la había llevado junto a sus padres, la madre le preguntó como estaba, y él le contestó que estaba bien, que solo había sido un susto, que había tenido que andar mucho hasta llegar a su casa, puesto que esta estaba al otro lado del pueblo, que era una familia acomodada y que con los lujos y el calor de sus padres en dos días estaría completamente recuperada.

Cuando terminó de contar toda la historia se metió la mano en el bolsillo de la cazadora y sacó un espejo chiquitito, que quiso regarle a la madre, aquel espejo tenía la moldura azul, cuando los niños lo vieron, no dudaron y le preguntaron al padre.

-¿De dónde has sacado ese espejo papá?

-Me lo dio la niña, me dijo que como solo serbia para mirarse me lo regalaba, porque ella tenía otros más grandes y bonitos donde hacerlo

Los niños sabían que aquel espejo era del hada azul que habían encontrado en las zarzas, así que le contaron la historia a su padre, y decidieron ir a buscarla para devolvérselo.

Aquella hada azul no se había movido de aquel sitio, la escucharon lamentarse…

-¡Ay… ay… ay…! ¿Dónde estará mi espejo?

Decía muy preocupada, los niños la llamaron desde lejos al escucharla

-¡Hada azul… hada azul! Tenemos tu espejo

El hada al escucharlo voló a su encuentro, el más pequeño lo sostenía entre sus manos para que lo viese, efectivamente aquel era su espejo mágico.

Como habían sido no solo buenos, si no también honrados puesto que vio que su espejo no había sido usado, se lo dejo para que pidieran un deseo cada uno de ellos.

La madre pidió una casa donde poder vivir, el padre un trabajo para poder dar de comer a sus hijos, y cada uno de los niños pidió por los niños que no tenían nada y estaban como antes estaban ellos.

El hada concedió cada deseo pedido, pues su espejo reflejo la pureza de su alma, y aquella familia que apenas tenía nada más que los unos a los otros, de pronto se encontró con muchísima gente agradecida por ayudarles sin haberles pedido ayuda.

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