Cuento infantil: Una clase con hada

Cuento infantil: Una clase con hada

Dalia profesora de Infantil me hace la siguiente petición:

¡Hola Estrella!, Me pongo en contacto contigo para que me hicieras un cuento o una poesía personalizada. Estoy en el colegio con una niña que tiene un retardo mental grave tirando a profundo. El caso es que en diciembre por los recortes dejare de trabajar allí. El caso es que me ha marcado mucho y como me encanta como escribes te pido que le escribieses un cuento o una poesía.

Sara es muy muy cariñosa. Siempre sonríe. Siempre está de buen humor. No habla casi nada. Hace unos meses ha comenzado a repetir algunas de mis palabras. Te juro que creo que no habla porque no lo necesita. Su mirada dice tantísimo! es muy expresiva. Estamos trabajando los colores con las fichas de parchís y con pinzas. No reconoce aun a sus compañeros de clase por su nombre. Tiene una foto suya puesta en el colgador pero no relaciona y hay que recordarle donde debe dejar su abrigo y sus cosas. Quiere mucho a los compañeros y busca mucho el conectar con los demás lo que ocurre que en el patio los demás van muy a la suyo. La suerte es que su hermano ha entrado a P3 y juegan los dos con un cubo y una pala a coger arena y hojas, eso le encanta y siempre me busca en el patio para enseñarme lo que ha recogido. Me pasó con ella algo que para los demás no tendrá trascendencia ninguna pero para mí fue una señal. Yo en principio iba a estar de auxiliar de aula en P3 y no dándole apoyo a ella, así que, los primeros días no estaba clara mi función. Pues el primer día, éramos tres personas nuevas en el patio y se plantó delante de mí y me miró de una forma que no sé explicar. El caso es que yo supe que era ella. En los días siguientes hacia lo mismo y al poco decidieron ponerme a mí de apoyo para niños con necesidades educativas especiales en lugar de auxiliar de aula. Desde el principio todo fue muy especial entre nosotras y tenemos un vínculo muy especial. El caso es que los recortes también llegan ahora donde estoy y en diciembre acabo. Estoy muy triste, quiero decirle lo especial que es, que creo en ella y que siempre la llevaré en mi corazón. Con una compañera o compañero una semana si y otra no tiene un cargo. Por ejemplo, esta semana es la encargada de repartir los libros. Ella no sabe a quién se lo tiene que llevar pero ella coge el libro y lo lleva por clase con una decisión y una seguridad y una sonrisa tan grande! cuando la veo me siento muy orgullosa de ella incluso tengo que reprimir las lagrimillas. Essimplementeincreíble. Me tiene robado el corazón y el sueño!.

Nos metemos en internet y le leo tus cuentos. Y me ¡encantas! no podría imaginar a nadie mejor para un encargo tan especial. Y con tu respuesta ya no solo me encantas como escritora sino también como persona.

Millones de gracias otra vez ¡más!. Un sueño no tiene precio, al igual que tu gesto.

Un gran abrazo!

Dalia

Una clase con hada…

Una clase con hadaHubo una vez un hada que nació bajo la apariencia de una dulce niña. Sus papás la llamaron Sara, y… era mágica muy… pero que muy mágica.

Todo lo que veían sus ojos era especial, o lo que tocaban sus manitas. Era capaz de hacer castillos de princesas con un poquito de arena. O de fabricar mundos especiales con los lapiceros de colores.

El caso es… que Sara un día fue al cole, fue allí para ver cómo eran los niños, y vio que todos eran muy parecidos a ella.

Así que se quedó con ellos por un tiempito, a todos regalaba su sonrisa y su presencia. ¡Qué suerte tenían aquellos niños! ya que no todos hemos compartido nuestras clases de cole con un hada.

En la clase había una seño que estaba encantadísima con Sara. No era para menos, creo que por ser un poco más grande que los demás niños, había descubierto que bajo su apariencia de niña pequeña se encontraba toda la magia de los sueños y los deseos.

Un buen día justo antes de que Sara se marchase a su mundo mágico, su profe quiso saber si realmente era mágica y se acercó para averiguarlo.

Sara estaba en el patio jugando como juegan todos los niños, aunque a este hada una de las cosas que más le gustaba era… la que antes ya os he contado ¡hacer castillos con el cubo y la pala!

Así que se sentó a su lado, y sucedió algo asombroso, de repente… Sara habló. ¡Vaya diréis todos!, pues… ¡sí!  Esto de que Sara hablase era muy… pero que muy especial, ya que las hadas no hablan mucho, a las hadas les gusta más volar; y sí es de flor en flor pues… ¡mejor!

-¡Hola!- dijo Sara

-¡Hola! Me enseñas… ¿qué haces?- le dijo su profesora

-Estoy construyendo un castillo para la princesa de las margaritas, no hace mucho que un trol horrible pasó por su mundo y en uno de sus descuidos lo destrozó.

-¡A ha! ¿Te puedo ayudar?

-¿Te gustaría?

-¡Mucho!

– ¡Vale…! Te dejaré ayudarme, necesito que me traigas algunas hojas secas de los árboles, con ellas fabricaré el suelo, también algunas hojas verdes, con ellas fabricaré los árboles y los jardines, algunas flores y piedrecitas, ¿podrás hacerlo?

A su seño le pareció raro que con aquellas cosas Sara pudiera fabricar un castillo… ¡la verdad!, pero no dudo nada de nada y fue a buscar todo aquello que le había pedido, incluso trajo algunas cosas de su cosecha personal. Una caracolilla de mar, unas conchas, unas moras y unas fresas, unos botones, algunas canicas que también tenía en el cajón.  En ese cajón que tienen todas las profesoras y profesores llenos… de secretos.

Se acercó y fue sacando cada una de las cosas que había recogido para fabricar el castillo. Sara fue poniéndolas donde debían de estar, mientras su profesora observaba, y ella le devolvía la mirada con sus ojos profundos como una noche estrellada, o como un mar de verano en playa, con esa mirada que solo las hadas mágicas pueden tener.

Y… cuando menos se lo esperaba, aquella profesora percibió un olor a chuches o quizás fuese a frutas, o fue a pastales, no sé muy bien a que olía concretamente, pero que aquel olor era envolvente y muy… muy dulce, eso… ¡sí lo sé!

Lo sé porque es una característica que tienen todas las hadas, y no solo las de azúcar, es muy de hada hacer magia con olor.

Y con… aquel olor el castillo fue tomando forma, se fueron formando las almenas, los jardines, todas y cada una de las cosas que había traído se convirtieron en algo especial y maravilloso.

Sara reía y reía viendo como su seño se asombraba de su magia, era un hada niña y jugando y jugando iba aprendiendo a ser aún más mágica y más hada si es que se podía serlo… ¡más!

Sara incluso dejo que se quedase para la entrega de aquel castillo. ¡Claro que como esto se hizo tan de tan en secreto! Solo cuando Sara quiera que lo sepamos lo contará.

¡Qué suerte tenía aquella profesora y sus compañeros de clase! Teniendo un hada como Sara a su lado.

Con todo mi cariño: Estrella Montenegro

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