Cuento infantil: Las medias de la abuela paloma

Cuento infantil: Las medias de la abuela paloma

Cuento infantil: Las medias de la abuela palomaDos calles a la derecha, veinte pasos con seis brincos, bordeamos el cerezo de la plaza y en paralelo a la nariz de la fuente, esta la casa de la abuela Paloma.

Sandra sabía muy bien como llegar, sabía el camino a seguir desde la misma puerta de su casa,  había hecho ese camino siguiendo las instrucciones muchísimas  veces, se agarraban de las manos y contaban y cantaban para memorizar la manera de llegar.

Nunca había ido sola por ese camino, aún era muy pequeña para salir a la calle sin la compañía de un adulto, pero su madre le dijo que hasta el día siguiente no vería a la abuela, y que si quería podía llamarla por teléfono para contarla lo que tanto le preocupaba. Pero es que Sandra solo sabia explicarse bien en persona, más que comprobado tenía que cuando se explicaba por teléfono nunca la entendían lo suficientemente bien.

Sabía el camino, sabia como ir ¿qué le podría pasar? Sandra se hacia todas esas preguntas, pero había una que sobresalía sobre todas ellas, y esa… no podía esperar a mañana, ni resolverse por teléfono, así que se puso el abrigo, las botas, el gorro y la bufanda, y se marchó en busca de su abuela Paloma.

La verdad es que una vez en la calle, cuando se vio sola si tenía miedo, y debía ser una cantidad grande porque las piernas temblaban solas, corrió aquellas dos calles a la derecha como si fuera polvorilla, dio los veinte pasos con sus seis brincos, bordeó el cerezo de la plaza, miró la nariz del angelito de la fuente, se dio media vuelta y vio la puerta de la casa de su abuela, sonrió y corrió para llamar.

Respiró y dio tres golpecitos, su abuela los escuchó a la primera y desde el interior preguntó…

-¿Quién llama… quien llama?

¡Qué bien! Pensó Sandra, su abuela estaba en casa, no estaba perdida, no estaba sola, y podría hacerle  aquella pregunta, contestó a su abuela porque sintió como se acercaba a la puerta.

-¡Abuela soy yo! ¡Abre… abre!

Dijo mientras comenzó a brincar, o abría su abuela rapidito o se hacía pis allí mismo, aquello era algo que sucedía habitualmente, cada vez que iba a casa de su abuela y estaba en la puerta, le entraban unas ganas irremediables.

Cuando su abuela Paloma abrió la puerta, ella la esquivo por debajo del brazo y corrió todo el pasillo hasta llegar al baño. La abuela miró de lado a lado de la calle pero no vio quien había traído hasta su casa a su nieta, cerró y fue directa al baño para preguntarla.

-¡Sandra…!

-¿Qué…?

-¿Quién te ha traído?

-¡He venido sola!

-¡Tu sola!

-¡Si…!

Contestó mientras abría la puerta, su abuela la miró… la dio dos besos y la quitó el gorro…

-¿Pero cómo has venido tú sola? Criatura…

-Es que tengo algo muy importante que preguntarte

-Y… ¿cómo no me has llamado por teléfono?

-Prefiero preguntártelo en persona

-¿Sabe mamá que estas aquí?

-¡No…!

-¡No…!

Exclamo corriendo hacia el teléfono, no dio tiempo a mas, su abuela llamo a su madre, ahora sabía que le iba a caer una reprimenda bien grande, por marcharse de casa sin avisar y encima salir a la calle sola, pero ella ya sopeso eso, y le pareció un precio justo que pagar por resolver aquello que no podía esperar.

Tras colgar el teléfono su abuela le ayudó a quitarse el abrigo y la preguntó si tenía hambre, esto también era algo normal, su abuela estaba convencida de que todo el mundo que iba  a visitarla tenía hambre.

-¿Tienes hambre?

-¡No abuela! He merendado muy bien

-¿Te apetece un trocito de bizcocho que acabo de hacer?

– Es que no tengo hambre, mañana para desayunar me lo como

-¡Que criatura más traviesa! ¿Cómo se te ha ocurrido la idea de venir hasta aquí sola?

– Era de vital importancia, no podía esperar a mañana

– Ya se…. ¿Te ha sucedido algo en el colegio?

– ¡Más… menos!

Dijo moviendo las manos de un lado a otro, mientras la abuela Paloma a pesar de decirla que no quería bizcocho cortaba un pedacito para que se lo comiese.

-Mas… menos… ¿qué?

-Abuela sabes que estamos preparando el baile de navidad

-¡Sí! Tu vestido está terminado, lo acabe de coser hace media hora, no me digas que es eso lo que te preocupa

-¡Eso no!

-Eso espero, ya sabes que nunca te he fallado

-¡Lo sé!

-¿Entonces…?

-Que me paralizo

-¿Cómo que te paralizas?

-Eso… que me paralizo, hoy hemos hecho el ensayo general, y nos ha venido a ver la directora y otros profesores, en cuanto vi a gente de público me paralice, me quede como cuando jugamos a las estatuas en el recreo, mira… así

Sandra enseñó a su abuela de que postura se había quedado cuando observo público en las sillas del salón de actos del colegio, su abuela no pudo contenerse y rió.

-¡Pero criatura…! ¿Tal cual?

-¿Tal cual? Comprendes ahora porque no podía explicártelo por teléfono, como te enseñó por teléfono como me quedé, no me podías ver, no sabrías exactamente que me sucedió

-Tienes razón, si no lo veo no lo creo

Contestó mientras ponía el plato con el trocito de bizcocho sobre la mesita de la cocina, y contenía las ganas de reír.

-¡Abuela! Mañana es el ensayo general y me quedaré otra vez paralizada, no valgo ni como pastor, ni como angelito, si acaso como una fuente de patos, y ya no hay tiempo para hacer otro traje, la función es pasado mañana.

-Lo que tú tienes, según he podido observar cuando me has enseñado la postura en la que te quedaste, es… miedo escénico

– Y… eso ¿es grave?

-La abuela Paloma tiene remedios para todo, incluso para el insoportable miedo escénico… ¡ven!

Respondió a Sandra cogiéndola de la mano para que le acompañase hasta la habitación, se sentaron en el borde de la cama, abrió un cajón de la mesilla, saco una cajita pequeña blanca con topos negros y la destapó. Lo increíble era que en su interior no había nada.

-¿Ves lo que hay aquí?

-Ahí no hay nada abuela

-Bueno eso es que tú no lo ves, porque es invisible a los ojos

Sandra metió la mano en su interior, y recorrió el fondo con los dedos, pero no sentía nada, entonces su abuela le llamó la atención.

-¡Ten cuidado!

-¿Por qué?

-Porque tratando así a mis medias mágicas les vas a hacer una carrera

-¡Abuela que aquí no hay nada!

-¡Que sí que lo hay!

La abuela hizo el ademan de sacar algo de su interior con muchísima delicadeza, lo puso sobre la cama y lo estiro como si lo estuviera planchando con las manos, luego lo dobló en varias partes hasta que pareció quedar pequeño otra vez, y lo volvió a colocar en el interior de aquella caja.

-Estas son mis medias mágicas, las tengo desde que mi abuela me las regaló, las he usado en multitud de casos, cuando me case, cuando me dieron aquel premio de teatro, cuando fui a ver la graduación de tu padre, cuando naciste tú, me las he puesto cada vez que me han hecho falta, creo que ahora las necesitas tú, así que mañana me las llevo con tu vestido para que te las pongas, ya verás cómo funcionan a la perfección.

Sandra pensaba que aquello no tenía mucha lógica, pero su abuela jamás le había defraudado, y  además si ella ya las había usado y le funcionaban, porque no iban a funcionar con ella.

Su padre llamó a la puerta, la abuela le contó porque había ido hasta allí sola, no le regaño, eso sí castigarla si la castigaron, una semana sin ver sus dibujos favoritos de la tele, pero ahora tenía las medias mágicas e invisibles de la abuela Paloma.

Su abuela se encargó de ponérselas las dos veces que lo necesitó, más que nada porque Sandra era incapaz de ver aquellas medias mágicas por eso de ser invisibles, y… funcionaron. Vamos que si funcionaron. Bailó mejor que nunca, y es que eso de tener una abuela que tiene unas medias mágicas para momentos especiales, es un buen remedio que no va a olvidar.

Estrella Montenegro

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