Cuento de Navidad: Las navidades de espantapájaros

Este es un cuento de navidad que muy pocos conocen porque no hace mucho que sucedió.

Ocurrió en aquella granja estuvo abandonada durante muchos… muchos años, porque todo el mundo quiso vivir en la ciudad. Hasta que un día fue comprada por un matrimonio, que se acababa de jubilar.

Mario y Dulce que así se llamaban, arreglaron la casa, arreglaron el cobertizo, y también arreglaron y prepararon un viejo terreno que estaba al lado para hacer un huerto.

En aquel terreno crecieron media docena de árboles frutales.  Dos perales, un manzano, un níspero, una higuera y melocotoneros, entre otros. Durante mucho tiempo a nadie pareció importarle que estuviesen allí.

Así que los pájaros viendo aquel formidable lugar, que les daba cobijo, sombra y comida. Lo tomaron como hogar.

Pero pasó… que Mario vio como aquellos pájaros le picaban las frutas, las verduras y los frutos, y se enfadó muchísimo. Así que buscando en el cobertizo encontró un viejo muñeco, que en su día quizás fue un espantapájaros.

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Lo llevo al centro de aquel terreno, los aderezo con algunos aperos para que impresionase más. Y lo dejó allí clavado.

La verdad es que en su día si fue un espantapájaros, pero llevaba tanto tiempo olvidado en aquel rincón, que llegó a pensar durante un tiempo que él también estaba  jubilado.

Tanto tiempo llevaba sin ejercer de espantapájaros, que se acostumbró al trinar de los gorriones en primavera, incluso le gustaba  que se colasen por el ventanuco que está justo encima del portón. Y anidasen en la parte superior del granero.

Pero lo que más le gustaba, eran las cosquillas que le hacían cuando se posaban en él sin tenerle miedo.

A las cosas buenas se acostumbra uno muy pronto, por eso cuando le volvieron a poner como espantapájaros, se puso a soñar despierto durante todos los días, de todos aquellos meses, hasta que llegó el invierno.  Imaginaba que los gorriones estaban junto a él, y no tenía porque espantarlos.

Y todos los días soñaba lo mismo…

-A mí me gustan los pájaros, me gusta oírlos cantar y que se posen en mí, daría lo que fuese porque esto sucediese.

En aquel lugar no nevaba hacía ya muchos… pero muchos años, hacia tanto tiempo que no caía un solo copo de nieve, que ni siquiera los más ancianos del lugar lograban  recordarlo si se lo preguntaban.

Sin embargo unos días antes de la víspera de Navidad, comenzó a nevar, y nevó… y nevó tanto, que el camino  que llevaba a aquella casa, se cubrió de nieve de tal manera que se quedó inaccesible.

Pero la nieve no solo cubrió el camino, también ocultó bajo ella otras muchas cosas… el coche de Mario parecía una montaña de nieve.

Los arbustos parecían bolas nevadas, los arboles pequeños incluso habían desaparecido. Y a espantapájaros también le había cubierto la nieve por completo.

Entonces… Dulce aprovecho este acontecimiento y lo transformó en un precioso muñeco de nieve.

Y… quizás por eso sucedió algo asombroso, por primera vez desde hacía muchos días, tantos que a él se le hicieron muy largos; por primera vez los pájaros no le tuvieron miedo.

Y se posaron encima suyo, y le hicieron cosquillas como a él le gustaba, y también incluso haciendo tanto frio como hacía, los gorriones por las mañanas le cantaban un poquito.

Y es que en Navidad los sueños pueden cumplirse con mucha más facilidad que de costumbre. Así fue como don Espantapájaros pasó las mejores navidades que jamás pudiera recordar.

Cuento de Navidad por Estrella Montenegro

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